Necesito el monte
- Miguelitor

- 20 feb
- 2 Min. de lectura

Hoy es 20 de febrero.
Llevo días triste.
Pensativo.
Con la cabeza dando vueltas como lavadora vieja.
Pero no he dejado de entrenar.
Con dos cojones.
Ya lo dije:
la mejor dieta del mundo
es que te arranquen un diente
y se te quede la cara
como si te hubieran cruzado cuatro hostias bien dadas.
Se te quita el hambre.
Se te quita la merienda.
Se te quita la tontería.
Y cuando ves que bajas de peso
te vienes arriba.
Dolor estético.
Motivación absurda.
Funciona.
Después de lo que pasó en casa
estaba desganado.
Vacío.
Pero también sabía que si me quedaba quieto
me hundía.
Así que madrugar.
Zapatillas.
Monte.
Y a hacer animaladas
Esa es mi terapia.
Siempre pongo la misma canción.
La misma.
La que escuchábamos mi hermano y yo
a primera hora en el camión.
Tres años.
A las seis de la mañana.
La misma canción.
Es mi forma de hablar con él.
De estar con él.
De no soltarlo.
Ahora también es para mi madre.
La música no cura nada.
Pero sostiene.
Hago deporte por salud física.
Sí.
Pero subo al monte por salud mental.
Subo para no romperme.
Subo para recordar.
Subo para seguir teniendo conversación
con los que ya no están.
Desde que me quitaron el diente
no he fallado un día.
Todos los días arriba.
Este hábito empezó cuando dejé las birras,
el bar,
las noches infinitas.
Hace años de eso
Entreno porque lo necesito.
No es disciplina.
Es supervivencia.
Necesito el deporte.
Necesito el monte.
Necesito el frío en la cara.
Necesito el cansancio en las piernas.
La puta naturaleza
Necesito sentir que estoy haciendo algo
mientras todo lo demás se cae.
Y sí.
No es físico.
Pero siempre, siempre
es mental.
Operación cincuenta
Con dos cojones!

Gracias Miguel !
Comparto tu dolor y tras de leer tu post me estoy dando cuenta que he dejado de hacer muchas actividades que tengo que recuperar para sentirme bien y por lo tanto estar bien para los demás, para la familia.
Recuerdo las noches de parcela escuchando Creep de Radiohead y los conciertos de los Daneses Heilung que le encantaban, las series interesantes que siempre me recomendaba ver, los guisos en el campo con los huertonianos, las partidas de genio al ajedrez, las noches de pesca sin pesca...
Volveré a subir a los cerros a pegar cuatro voces y el que me escuche que vocee también.
Los psicólogos no ayudan, ahora usan la IA y dan consejos genéricos para lerdos para esta…
Al final resulta que el verdadero entrenador personal no es el gimnasio, ni el nutricionista, ni la fuerza de voluntad.
Es el dentista.
El único capaz de diseñar un plan de adelgazamiento irreversible basado en dolor, puré y reflexión existencial.
Eso sí, hay que reconocer que el método funciona: te quitan un diente, te quitan el hambre, te quitan las ganas de tonterías y te devuelven al monte a hablar con los tuyos.
Más efectivo que cualquier coach motivacional.
Lo bonito —dentro de lo jodido—es que has encontrado una forma de seguir caminando: subir cuestas, sudar recuerdos, conversar con los que faltan y no quedarte quieto.
No será disciplina, como dices, pero es carácter. Y del bueno.
Operación cincuenta, pero…