EL PUTO CRIO DEL ASCENSOR
- Miguelitor

- 19 abr.
- 1 Min. de lectura

Hay niños que están para echarlos a la picadora.
El de hoy tenía cara de bollicao y pulmones de cerdo en el matadero.
Piso cincuenta y tantos.
Un puto cohete a ninguna parte.
Odio subir. Odio esperar. Odio bajar.
Sujeto la puerta.
Entra el crío con la chacha.
Me mira.
Y empieza el puto infierno.
Grita como si le estuviera arrancando la piel a tiras.
La puta helper se ríe.
Cincuenta pisos.
Una eternidad en una caja metálica con un puto demonio.
Pienso en darle una patada en la rodilla.
Pienso en enseñarle mi culo peludo y falto de sol.
Pienso en gritar más fuerte que él.
Lo que sea para que se cayase
Y el cabrón sonríe.
Poco
Una milésima de segundo.
Me ha leído la puta mente.
Se abren las puertas.
Salgo.
Mi misma planta.
El puto crío es vecino de mi estudiante
Vuelve a gritar.
Más y fuerte
Lo pienso ahora.
Tenía que haber gritado yo.
Como Tarzán en la selva
Hasta reventar.
Que se jodiera él.
Que se jodiera la puta helper.
Que se jodiera el puto edificio.

Miguel, esto no es un ascensor…esto es una prueba de resistencia psicológica en vertical.
Cincuenta pisos con un niño así debería cotizar como deporte olímpico:
“grito sincronizado en espacio reducido”
El crío, además, no es tonto. Te mira, calibra… y dice:
“a este le voy a destrozar la mañana”
Y lo consigue.
Lo de la helper riéndose ya es nivel villano de película. Eso no es acompañar al niño, eso es animar el espectáculo.
Tú ahí dentro pasando por todas las fases:
negación
ira
negociación (“igual se calla solo…”)
fantasías ilegales
y finalmente… resignación absoluta
Y el momento clave:
el niño sonríe
Ahí ya sabes que has perdido. Eso es un “te tengo calado” en toda regla.
Sales del ascensor…