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El disfraz de experto




Me levanto y me pongo el disfraz de adulto funcional.

A trabajar, machote.

Las facturas no se pagan solas.


Después me pongo el disfraz de profesor.

Y oye,

para no tener estudios formales,

me queda de puta madre.

Con dos cojones.


Me paso el día hablando de español y de fotografía.

Enseñar es una palabra muy grande.

Yo hablo.

Y cobro.


Hay días buenos y días malos.

Hoy tocaba gris sucio.


Clase de 59 minutos.

Delante, un chaval de 15 años.

Cara de puré sin sal.

Educado.

Blandito.

De los que nunca han perdido nada.


Le pongo una frase en la pantalla:

“Por la mañana”.


Le digo que la lea.

Me pregunta cuál.

Le digo que la única que existe en el puto universo visible.


Duda.

Vuelve a preguntar.

Tiene miedo a equivocarse.

A leer mal.

A que el mundo se hunda por pronunciar tres palabras.


Silencio.


Tres minutos.


Tres

putos

minutos

mirando una frase que pesa menos que el aire.


Yo por dentro acelerado.


Él congelado.


Como si leer fuera saltar sin red.

Al final la lee.

“Por la mañana”.


Sonríe.

Orgulloso.

Dice que le gustan mis clases.


Y yo pienso que si esto es lo más difícil que le ha pasado hoy,

bendita sea su vida.


Respiro.


Su madre me paga.

El dinero no duda.

El dinero no tiembla.

El dinero sostiene el disfraz.

Y mañana me lo volveré a poner.


Con dos cojones.

 
 
 

3 comentarios

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Para enseñar , más que estudios formales o títulos, se requiere saber ponerse el difraz y que te crean y tu tienes eso en forma natural, teacher Miguel.

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Beuseant
09 may
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Vivimos de oído, sin manual de instrucciones. Sólo tienes que mirar sus caras cuando crees que no les miras, las muecas de asombro y duda, en el fondo nadie sabe como vivir, todos fingimos. Intentamos proteger a las generaciones que han venido después, protegerlas de ese vacío, y no hacemos más que hacerlas vivir en una burbuja... mientras, sí, mientras el dinero va cambiando de manos y todo sigue girando...

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Miguel, lo del “disfraz de adulto funcional” me ha tocado más de lo que debería. Porque al final muchos vamos así: aparentando solvencia mientras por dentro seguimos siendo un chaval buscando el mando de la tele y evitando llamadas desconocidas.

Lo del profesor me ha hecho especial gracia. Ese concepto tan honesto de:

“Yo hablo. Y cobro.”

Que traducido al castellano profesional sería algo como “facilitador de experiencias pedagógicas”, pero dicho así pierde toda la poesía.

Y luego está el chaval.

Tres minutos para leer “por la mañana”.

TRES.

Yo reconozco que a minuto y medio ya le habría leído la frase, el Quijote y la declaración de la renta.

Pero ahí está la lección de verdad: uno creyendo que el…

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