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UNA ANESTESIA PARA COBARDES


Foto 8/de muchas. Martes 14 de julio de 2026. UNA ANESTESIA PARA COBARDES. Nuevo Proyecto PECHO LOBO
Foto 8/de muchas. Martes 14 de julio de 2026. UNA ANESTESIA PARA COBARDES. Nuevo Proyecto PECHO LOBO

En el colegio, cuando nos portábamos mal, nos cambiaban de sitio.


Y a mí me daba puto asco.


Sentarme en una silla caliente.

La prueba de que el culo de otro acaba de irse de ahí.

Una huella térmica.

Un recuerdo de carne ajena.


Yo llego al sitio frío.

Y lo hago mío.

Lo inauguro.

Lo conquisto con mi propia temperatura.


Luego está el trono.

El puto váter.


Los japoneses, con sus asientos con calefacción.

Con chorros tibios limpia‑ojetes.

Te sientas y suena Mozart.


Una puta mentira.


Una anestesia para cobardes.


Un abrazo de plástico

para que no te enteres de que estás cagando.


Que se lo metan por el culo.


A mí dame el frío.


La hostia de porcelana helada a las siete de la mañana.

El latigazo que te recuerda que estás vivo

y que vas a expulsar mierda.


Quiero que se me encojan los cojones por el frío

antes que por el esfuerzo.


Porque ese frío es la verdad.


Es el punto cero.


La ley es simple.


No quiero el calor de otro.

Quiero crear el mío.


En la silla, rechazo el calor prestado.


En el váter, abrazo el frío original

para ser yo quien lo venza.


Se trata de ser el origen.

El motor.

La causa.

No la consecuencia.


Si hay hielo, lo parto.

Si hay frío, lo enciendo.


Pero no me siento

en lo que otro ya calentó.


No es ser punk.


Es la puta ley de la termodinámica del alma.


Y el que no la entienda

que siga buscando asientos tibios.


El resto

es mentira.


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Miguel, acabas de convertir algo tan cotidiano como sentarse en una silla o ir al váter en un manifiesto filosófico sobre la soberanía térmica del individuo. Ya no volveré a ver un asiento caliente sin pensar que estoy aceptando una herencia corporal que nadie me ha pedido.

Lo del váter japonés también queda claro: mientras ellos invierten millones en tecnología, chorros inteligentes y música relajante, tú defiendes la porcelana helada como una especie de bautismo vikingo para empezar el día. Nada de comodidades: frío, verdad y encogimiento testicular.

En el fondo, esta entrada no habla de sillas ni de retretes. Habla de principios. De llegar a un lugar frío, conquistarlo con el culo y marcharte dejando tu propia huella en…

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