Tengo cara de gilipollas
- Miguelitor

- 10 mar
- 2 Min. de lectura

A mí los taxistas de Hong Kong me ven cara de gilipollas.
Blanquito.
Barba pelirrojilla.
Perilla ya medio cana.
Gorra para atrás.
Cero chino.
Alarma automática.
“Este es primo.”
Se les ilumina la cara como si hubieran encontrado el premio en el roscón de Reyes.
Este paga de más.
Este no se entera.
A este le damos un paseíto.
Por sus cojones que me lo dan.
Lo que no saben es que llevo quince años pateando esta ciudad.
Quince.
He fotografiado medio Hong Kong.
He dado clases.
He hecho talleres.
He cruzado barrios que ellos no pisan.
Que lleve una cámara colgada no significa que sea turista.
Aunque la cara de gilipollas, vale, puede que la tenga.
Pero me conozco las calles mejor que muchos de ellos.
A mí los taxistas, en general, me caen mal.
Rascan cuatro pesetas.
Y yo soy un agarrado.
Y no me gusta que me rasquen.
También te digo:
He tenido conversaciones cojonudas con alguno.
He conocido a tipos honrados.
Mi hermano fue taxista.
Y mi hermano era de los buenos.
Beso al cielo.
Te quiero, hermano.
Y mi amigo Álvaro es taxista.
Y es de los mejores amigos que te puedes echar a la cara.
O sea que no va de odio profesional.
Va de sinvergüenzas concretos.
Hoy uno ha querido jugármela.
Y lo he visto.
Ha empezado a desviarse.
A alargar.
A dibujar rutas creativas.
Y le he dicho:
—Te estás equivocando.
Se hacía el sueco.
“No English.”
Pero entendía perfectamente el tono.
Le he dicho que ese trayecto son cinco euros.
Que íbamos por siete.
Que estábamos más lejos que cuando empezamos.
Y que no me tocara las pelotas.
Que si quería llamábamos a la policía.
Silencio.
Mirada al frente.
Cara de póker.
El taxímetro subiendo como si estuviera financiando su jubilación.
Doce euros al final.
Doce.
Le he dicho que le iba a pagar su prima la de Pinto.
Que yo no le pagaba más de cinco.
Que llamara a la poli si quería.
Me ha soltado algo en cantonés que no sonaba a buenos días.
Yo me he cagado en su padre en perfecto castellano.
Lenguas distintas.
Misma intención.
Me he agarrado las pelotas.
Gesto feo.
Muy feo.
Un occidental que pasaba me ha mirado.
Sonrisa cómplice.
Pequeña victoria internacional.
El taxista me ha hecho una peineta.
Yo he cerrado la puerta.
Y he empezado a escribir esto.
Porque no va de los cinco euros.
Va de no dejar que te tomen por primo.
Va de que aunque tengas cara de guiri despistado,
no te van a pasear.
Va de plantarte.
Aunque sea en otro idioma.
Aunque sea con gestos universales.
Cara de gilipollas puede que tenga.
Pero primo no soy.
Con dos cojones.

Me ha encantado "pateado la calle". Esa es mi jerga je je. No tengo experiencia con taxistas, pues ando en bicicleta para todos lados je je je. Pero la cara que tiene el conductor, es digna para una postal ja ja ja.
Saludos desde Brasil hermano.
Momentazo! Me ha ocurrido de la misma forma, pero no lo he cerrado como tú, con una buena foto de cierre de discusión!
Que buena descripción del momento!, me sentí peleando con el taxista.
Me molestan MUCHO las rutas turísticas que se marcan "algunos taxistas".
Creo que nos ha pasado a todos, en nuestra ciudad o cuando estás fuera ejerciendo de guiri.
Lo mejor que te puedo pasar en una ruta turística de éste tipo, es ir con con tú tía de casi 80 años que conoce el callejero de su ciudad como si ella misma hubiera puesto el nombre a todas y cada una de las calles de Madrid. No sé si es por edad, porque no quiere que el taxista la tome por "gilipollas" o por haber perdido todos los filtro.
Ese momento en el que entabla conversación con el taxista diciéndole "vaya vuelta nos está dando", usted se debería haberse metido…
Hay algo universal en lo que cuentas: el momento exacto en que alguien cree que te ha medido mal.
La barba, la gorra, el blanco despistado… todo encaja en el estereotipo perfecto del tipo al que se le puede dar una vuelta turística por la ciudad sin que se entere.
Pero lo que muchos no entienden es que la cara no siempre cuenta la historia completa.
Uno puede parecer perdido y llevar quince años caminando las mismas calles.
Y entonces pasa lo que pasó hoy: el taxista empieza a dibujar su ruta creativa… y de repente descubre que el “primo” conoce el mapa.
Lo curioso es que no va de dinero. Cinco euros arriba o abajo no cambian la vida…