QUE NOS DEN POR EL CULO A TODOS
- Miguelitor

- hace 7 días
- 2 min de lectura

Hay argentinos que me caen como el puto culo.
Y españoles que me caen incluso peor.
Yo tampoco soy fácil.
De hecho, sé que le caigo como un gilipollas a muchos.
Y no siempre están equivocados.
Caer bien o mal.
Deporte nacional.
Que nos den por culo a todos.
Estamos a nada de la final del Mundial.
Y ya escucho provocaciones por todos lados.
Es el puto fútbol.
Te transforma.
Como el tráfico.
Te vuelve más gilipollas.
Pero el fútbol lo multiplica por cien.
Lo curioso es que mañana
estaremos opinando como si nos fuera la vida en ello.
Cuando en realidad
no nos jugamos absolutamente nada.
Que arreglen sus países.
Sus economías.
Sus politicuchos de mierda.
El lunes irás a tu curro de mierda.
Con el mismo sueldo de mierda.
Más contento si gana tu selección.
Jodido si pierde.
Pero el sueldo
y el curro
seguirán siendo los mismos.
Mi enfermedad con el fútbol es otra.
Me gusta demasiado.
Veo partidos de equipos que no soporto.
Equipos catalanes que pagan árbitros durante dos décadas.
Equipos entrenados por argentinos en Madrid.
Los critico.
Los señalo.
Les deseo lo peor.
Me indignan.
Y ahí estoy.
Sentado.
Viéndolos igual.
Los futbolistas tampoco me caen especialmente bien.
Niñatos tatuados.
Bolsillos llenos.
Héroes de alquiler.
Chavales que cobran en una semana
lo que yo no veré en diez años.
Y sí.
Algo de envidia hay.
Bastante, si soy honesto.
Seamos claros.
El caso es que mañana es la finalísima.
Yo no quiero que gane Argentina.
Nunca.
Y cuando digo nunca,
es nunca.
Y mañana juega contra España.
Mi selección.
Y de repente
me sale el patriota que critico.
No hace falta un croquis.
Argentina me la suda.
O eso digo.
Porque quiero que pierdan.
Como el equipo que paga árbitros.
Como el equipo madrileño entrenado por otro argentino.
Quiero que pierdan.
Y aun así tengo amigos en todos esos lados.
Así de simple.
Veré el partido solo.
En casa.
Tumbado en el sofá.
Sin gritar.
Mi mujer duerme.
Se la suda el fútbol.
Argentina.
España.
Y Hong Kong.
Y creo que de los dos,
la más inteligente es ella.

Miguel, lo mejor del fútbol es que consigue convertir a personas razonables en analistas geopolíticos, expertos arbitrales y patriotas de emergencia durante noventa minutos. Luego termina el partido, apagas la tele y sigues teniendo el mismo curro, el mismo sueldo y probablemente la misma mala leche del lunes.
También tiene mérito reconocer que no soportas a ciertos equipos, entrenadores y futbolistas, pero ahí estás, viéndolos religiosamente. Eso ya no es afición: es una relación tóxica con balón de por medio. Los criticas, les deseas la derrota y, aun así, les regalas dos horas de tu vida. Ellos millonarios y tú enfadado en el sofá. Negocio redondo.
Y lo de ver la final solo, sin gritar y mientras tu mujer duerme…