NOS SALE LA VENA PATRIOTICA
- Miguelitor

- 22 jul
- 1 min de lectura

Cuando estoy con los míos,
España me puede parecer un puto chiste.
La mesa del bar es un tribunal.
Y sentenciamos a todo dios.
Al gobierno.
Al rey.
Al jefe.
Al puto vecino del quinto.
Nos cagamos en la derecha,
en la izquierda,
en los politicuchos
y en la madre que parió al que inventó los impuestos.
Es nuestra mierda.
Nuestro puto estercolero.
Y nos revolcamos en él como cerdos.
Pero.
Que se siente un guiri en la mesa de al lado.
Que escuche.
Que asienta.
Que diga:
“Sí, vuestro país es una mierda”.
Me hace la misma gracia que una patada en las pelotas
El mismo chiste que yo conté hace cinco minutos,
en su boca
es un insulto.
De repente el estercolero es un jardín.
De repente la bandera que usaba para limpiarme el culo
es de seda.
SAGRADA.
De repente soy el puto Cid Campeador.
No es patriotismo.
Es territorio.
Es instinto.
Es el perro que mea en su esquina
y enseña los dientes.
Solo yo puedo decir que mi padre es un hijo de puta.
Y cuidado
con el que se atreva
a darme la razón.
Que muestre su DNI antes de hablar

Miguel, has descrito perfectamente ese patriotismo de barra de bar que aparece cuando alguien de fuera se toma demasiadas confianzas. Nosotros podemos pasar dos horas explicando que España no tiene arreglo, pero basta con que un extranjero diga “tenéis razón” para que nos entren ganas de sacarle la lista completa de nuestras virtudes, los Reyes Católicos y hasta la receta de la tortilla.
Porque una cosa es criticar la casa desde dentro y otra muy distinta que venga alguien de visita a señalar las grietas. Entonces el estercolero se convierte en patrimonio nacional, el vecino del quinto deja de ser un imbécil y pasa a ser nuestro imbécil, que es una categoría completamente diferente.
No será patriotismo refinado, pero sí una…