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No es una serie. Es una herida


Esta semana estamos trabajando narrativa en la academia

Narrativa.


No fotos bonitas.

No encuadres limpios para colgar en el salón.

Narrativa.


Tres fotos.


Ni una.

Ni dos.

Ni cuatro.


Tres.


Inicio.

Desarrollo.

Final.


Con dos cojones.


Cada alumno escoge un concepto abstracto.

El que le dé la gana.

Sin permiso.

Sin excusas.


Yo he escogido el dolor. La impotencia.


Porque hace tres semanas perdimos a mi madre.

Un beso al cielo, siempre.


Te quiero, mamá.


Y aunque la vida siga —porque sigue, la muy cabrona—

yo estoy jodido.

Mucho.


Y eso no se arregla trabajando más.Ni dando clases.

Ni escribiendo posts.

Así que lo he fotografiado.


Primera imagen.

En la pantalla del ordenador, un retrato que le hice.

Cigarrillo apagado.Toalla en la cabeza.

Mirando a cámara.

Jersey blanco y negro de rayas.


Tranquila.

Viva.

Presente.


Ese es el inicio.


Ahí todavía no ha pasado nada.

O eso parece.


Segunda imagen.

El encuadre se abre. Más espacio. Más aire.

Otra pantalla aparece.

La maldita fecha.

9 de febrero.

El día que nos dejó.

Y mi brazo.Tenso. No protagonista.


Pero ahí.


Porque el dolor no entra de golpe.

Se cuela. Se instala. Se agarra al cuerpo.


Ese es el desarrollo.


Tercera imagen.

Más zoom hacia atrás.

Ya no hay escapatoria.


Salgo yo.

Tenso.

Jodido.

Llorando.

Chillando.

Sin pose.

Sin épica.

Sin cielo dramático.

Solo impotencia.


Ese es el final.


Querido lector, no escribo esto para que te compadezcas.

No necesito pena.

El dolor ya lo llevo dentro.

No lo publico para que me digas “ánimo”.

Lo publico porque fotografío.


Y fotografío desde el alma.

Desde dentro.


Justo lo que enseñamos en esta academia.


No técnica.

No fórmulas.

Postura.


Hay texto dentro de la imagen.

Sí.

A propósito.


Porque las tres fotos están dentro del mismo encuadre.

No quiero que pases de una a otra con el dedo.

No quiero carrusel.

Son tres fotos en una.

Ninguna manda.

Ninguna es más grande.

Todas pesan igual.

Como pesa el proceso.


El texto informa.

Pero también ocupa.

También construye.

También da sentido al espacio negativo.


Porque el vacío también narra.

Y el silencio también grita.


Esto no es terapia.

No es marketing emocional.

Es narrativa.


Es asumir que si trabajamos conceptos abstractos

tenemos que mojarnos.

Y esta vez me he mojado hasta los huesos.


Con dos cojones.

Y con el corazón abierto.

Aunque duela.


 
 
 

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Lo que más me golpea de esta serie no es el llanto final. Es la progresión.

Empieza con una presencia. Luego entra la fecha.Y al final entras tú.

No es un tríptico sobre la muerte. Es un tríptico sobre cómo el dolor ocupa espacio.

En la primera imagen todavía hay distancia. En la segunda el aire se enrarece. En la tercera ya no hay marco que te proteja.

No hay dramatismo forzado. Hay proceso.

Y eso es lo que la hace honesta.

El hecho de que las tres estén en el mismo encuadre es clave. No puedes deslizar el dedo y escapar. No puedes consumir una y olvidarla.Te quedas dentro del mismo espacio, como uno se queda dentro del duelo.

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