MIS COJONES MORENOS
- Miguelitor

- 16 jul
- 2 min de lectura

Cinco horas seguidas.
Cinco críos.
Cinco pequeños emperadores constitucionales.
Y ninguno abdica.
Dicen que no hacen lo que les digo.
Yo digo que sí.
Y al final no lo hacen.
Magia pedagógica.
Estoy a tres mil putos pueblos de saber educar a un crío.
Pero que me den una patada en los tobillos
si tanta permisividad es buena.
Algo no cuadra.
A mí me la suda que hagan los ejercicios.
Yo voy.
Hago mi curro.
Cobro.
Y me las piro.
Así de simple.
Pero algo veo.
Y lo veo cada vez más.
En algunas casas hay un descontrol con lacito.
Una democracia infantil.
Una ONU de metro veinte.
Y votan siempre a favor del capricho.
“Lo que diga el niño.”
¡LO QUE DIGAN MIS COJONES, SEÑORA!
Una madre me suelta hoy
que si el niño quiere jugar, jugamos.
Que si quiere leer, leemos.
Que si quiere respirar, respiramos todos.
Como si yo fuera la madrina.
La abuela.
O el animador de comuniones de la esquina.
No.
Yo no vengo a negociar con alguien
que todavía pide permiso para ir al baño.
Cuando está el teacher Miguel,
se hace lo que se le pone
de sus huevos morenos.
O sea.
Lo que decido yo.
Y si el chaval no quiere, perfecto.
Que no quiera.
Pero no es lo que diga él, señora.
Es lo que diga el adulto.
Que para eso estamos.
Porque si el niño manda,
mañana gobierna la casa.
Pasado mañana el colegio.
Y en diez años tendremos un parlamento lleno de gente
que dejó los deberes
porque “no le apetecía”.
Y entonces sí.
Entonces sí que estamos jodidos.

Miguel, cinco horas con cinco pequeños emperadores no son clases particulares: es una cumbre internacional sin traductores, sin acuerdos y con todos los delegados amenazando con abandonar la mesa para irse a jugar.
La famosa “democracia infantil” suena muy moderna hasta que descubres que el único programa electoral consiste en no hacer ejercicios, comer algo y elegir siempre la actividad que menos se parezca a aprender. Y claro, si cada decisión se somete a referéndum, el teacher acaba teniendo menos autoridad que el peluche favorito.
No sé si educar es mandar, negociar o encontrar un punto medio sin perder la cordura, pero algo está claro: si el niño decide el temario, los descansos y el horario, ya no eres su…