MIENTES SOBRE LOS QUE BEBES
- Miguelitor

- 19 jul
- 2 min de lectura

Puedes beberte lo que te salga de la punta de los cojones.
Cualquier líquido.
Con cualquier graduación.
No soy tu padre.
Pero una cosa te digo:
si no sabes controlar
o si sospechas que tienes un puto problema,
pide ayuda.
Porque cuando el alcohol te controla a ti
ya no tiene gracia.
Si tienes estos síntomas,
piensa.
Incapacidad de estar sin beber.
Promesas incumplidas de controlarte o dejarlo.
Descuido de tu imagen y de tu higiene.
Trastornos del sueño por la ingesta.
Ausencias, errores y retrasos en tus obligaciones.
Angustia en el pecho por las mañanas.
Mentir sobre lo que bebes.
Esconder botellas.
Perder tiempo consumiendo
o recuperándote de la resaca.
Beber solo.
O solo con gente con la que el único vínculo es la bebida.
Sentimientos de culpa.
Lagunas mentales.
Ponerte a la defensiva cuando alguien saca el tema.
No saber divertirte sin alcohol.
Cambios de personalidad.
Pregúntate:
¿Cuánto bebes?
¿Con qué frecuencia?
¿Alguien en tu familia ha tenido problemas con el alcohol?
¿A veces bebes más de lo que deberías?
¿Te han dicho que deberías bajar el ritmo?
¿Has intentado dejarlo y no has podido?
¿Te ha traído problemas en el trabajo, en la universidad, en casa?
¿Te has comportado de forma peligrosa o extraña por culpa del alcohol?
Si has respondido que sí
al menos a dos,
quizá deberías pedir ayuda.
Y no te preocupes por la etiqueta.
El alcoholismo es una enfermedad crónica.
Progresiva.
Y en muchos casos, mortal.
Pero se puede salir.
Yo salí.
Y no soy más fuerte que tú.
Solo pedí ayuda antes de que me enterraran en vida.

Miguel, esta entrada no necesita humor ni adornos. Necesita ser leída con atención, porque habla de una realidad que muchas veces se esconde detrás de excusas, silencios y frases como “yo controlo”.
Lo más valioso no es solo la lista de señales, sino que hables desde la experiencia y digas con claridad que pedir ayuda no es una derrota. Al contrario: reconocer que existe un problema exige una valentía enorme, especialmente cuando la propia enfermedad empuja a negarlo, ocultarlo o restarle importancia.
Quizá alguien se reconozca hoy en alguna de estas líneas. O quizá reconozca a una persona a la que quiere. Ojalá entienda que no hace falta esperar a tocar fondo para pedir ayuda y que salir es posible.…