MI DIENTE ES MAS FALSO QUE UN CORAZON MAL DIBUJAO
- Miguelitor

- 8 jul
- 1 min de lectura

Hoy tengo que ir al puto dentista.
Lo odio.
Vaya si lo odio.
Al único que le gusta ir al dentista es a él.
Porque cobra.
Y muy bien.
Con dos cojones!
Desde enero, que me hicieron el implante,
tengo un diente del Ikea.
Es más falso que un corazón mal dibujao.
Diente de pladur.
De madera prensada.
Es incómodo hablar con este diente.
Me pusieron pegamento hasta en las rodillas
para que se sostuviese.
No puedo decir las efes.
Ni las ces.
Ni las zetas.
Y para arreglar esta mierda, no voy al de la esquina.
NO.
Tengo que cruzar una puta frontera.
Enseñar el pasaporte para que me metan un taladro en la boca.
Me dicen que es la "definitiva".
Que me tranquilice.
"Duele, pero solo una hora".
UNA HORA.
Hijos de la gran puta.
Una hora con un tío hurgándote en el hueso es una puta eternidad.
Hijos de puta.
Tengo hora a las cinco de la tarde.
En otro país.
Voy a llegar tarde a casa.
Enfadado.
Dolorido.
Y sin poder cenar.
Lo pagaré con mi mujer
La vida es así.
Te quitan un diente.
Y te cobran por devolvértelo.

Miguel, esta entrada es odontología de guerra. Has conseguido que un implante dental parezca una operación clandestina internacional: pasaporte, frontera, taladro, hueso, dolor y un diente del Ikea que parece montado con una llave Allen y mala leche.
Lo del “diente de pladur” me ha matado. Hay algo muy triste y muy gracioso en pagar una pasta para llevar meses hablando como si tuvieras una estantería Billy encajada en la encía.
También entiendo perfectamente el odio al dentista. Nadie debería tener que escuchar “duele, pero solo una hora” y seguir siendo una persona civilizada. Una hora en el dentista no es una hora: es una legislatura.
Eso sí, lo de pagarlo con tu mujer no, hombre. El dentista sí, el…