La confianza no posa
- Miguelitor

- 4 mar
- 2 Min. de lectura

Esta no es una foto sobre composición.
No es sobre líneas.
No es sobre luz perfecta.
No es sobre teoría.
Es una foto sobre confianza.
Mi mujer.
Mi pierna.
Nuestra casa.
Una noche cualquiera.
Nada extraordinario.
Y sin embargo, todo lo importante está ahí.
La confianza no hace ruido.
No entra en la habitación dando un portazo.
La confianza es quedarte.
Es enseñar la parte fea.
Es dormir sin máscara.
Es discutir y no irte.
Es saber que puedes fallar y aun así seguir ahí.
Eso intento fotografiar.
No el gesto bonito.
No la pose.
El estar.
La fotografía a veces no necesita grandes ideas.
Solo necesita estar lo suficientemente cerca.
Cerca físicamente.
Y más difícil todavía:
Cerca emocionalmente.
Porque acercarte con la cámara es fácil.
Acercarte de verdad ya no tanto.
No me tengo que ir a Hong Kong para hablar de confianza.
No necesito extraños.
No necesito drama.
Confianza es ella.
Es la persona con la que convivo.
Con la que duermo.
Con la que discuto.
Con la que entreno kung fu.
Con la que comparto el silencio.
La más guapa.
La mejor.
Mi china.
Con dos cojones.
Pero hay algo más incómodo.
La confianza también es contigo.
Y ahí ya se complica.
Porque muchas veces te fallas.
Porque es cómodo.
Porque procrastinas.
Porque prometes y no cumples.
Porque te dices que mañana.
Y mañana no haces nada.
Fallarte es mentirte.
Y mentirte es no confiar en ti.
Así de simple.
El compromiso empieza en uno mismo, amigo.
No en la pareja.
No en el proyecto.
No en la academia.
En ti.
Si no confías en ti, todo lo demás es teatro.
¿Cómo fotografiar la confianza?
Yo la fotografío en casa.
Sin épica.
Sin puesta en escena.
Sin buscar nada extraordinario.
La fotografío donde me siento seguro.
Donde puedo ser un cabrón a veces.
Donde puedo estar cansado.
Donde puedo estar fuerte.
Donde puedo estar vulnerable.
Y seguir siendo querido.
Hay imágenes que no se explican.
Se habitan.
Si la foto funciona no es porque sea espectacular.
Es porque es real.
Porque no estoy actuando.
Porque no estoy demostrando nada.
Porque estoy en casa.
Y eso, hoy en día,
es casi revolucionario.
Con dos cojones.

Lo interesante de esta foto es que parece incómoda… pero no lo es.
El encuadre es raro, las piernas invaden el espacio, el punto de vista no es el habitual. Podría parecer una foto torpe si uno la mira con el manual de composición en la mano.
Pero en realidad pasa justo lo contrario: la cámara está exactamente donde tiene que estar cuando hay confianza.
No hay distancia elegante. No hay respeto escénico. No hay “permiso fotográfico”.
Hay cercanía.
Y esa cercanía se nota en algo muy simple: ella no está posando, está dejando que estés ahí.
Eso no se consigue con técnica ni con teoría. Eso se consigue con tiempo compartido, discusiones, silencios, días buenos y días de mierda.