HE VUELTO A CARGAR LA BATERIA

Iba a hablar de mi diente.
De la puta muela del juicio que me quitaron de urgencias.
O de la fiebre que me ha dado esta semana.
Pero tengo que aparentar ser un chico sano y fuerte.
Así que lo menciono.
Y paso página.
Porque no quiero ni recordarlo.
El caso es que un empujoncito en un directo de YouTube me ha hecho desempolvar la cámara.
Hace nada grabé diciendo que estaba hasta los mismísimos talones de la fotografía.
Sin ganas.
Sin interés.
Sin épica.
Con la cámara mirándome desde la mesa como si fuera un perro abandonado.
Y claro.
Quejarme no arreglaba nada.
Así que me metí en directo.
Solté la mierda.
Y aparecieron los de siempre.
Álvaro, desde Chile.
Luis Alberto, desde México.
Seba, desde Argentina.
Francisco, desde Alicante.
La pandilla internacional del aguante.
Y, chico, qué quieres que te diga.
Me dieron ganas.
Así que he vuelto a cargar la batería.
Otra vez.
Por enésima vez.
La misma puta liturgia.
Cargar batería.
Vaciar tarjeta.
Colgar cámara al cuello.
Salir como si uno todavía creyera en algo.
Con dos cojones.
He estado cansado.
Desmotivado.
Fuera.
Muy fuera.
Solo las charlas semanales con los chicos de Hong Kong mantenían el hilo.
Y ni eso siempre.
Porque a ellos también les pasa.
Nos pasa a todos.
La fotografía a veces no te llama.
A veces te mira desde lejos y tú le dices:
“Ahora no, pesada.”
Pero vuelve.
O vuelves tú.
O te empujan cuatro tipos desde un chat de YouTube.
Qué sé yo.
Mañana vuelvo con los directos.
Con Seba, el argentino.
Y vamos a hablar de Lestido.
Porque claro, para volver no podíamos elegir algo suavecito.
No.
Lestido.
Dolor, madres, encierro, mujeres, vida dura.
Fotografía sin anestesia.
Como tiene que ser.
No sé si he vuelto.
No prometo nada.
Las promesas dan vergüenza.
Hoy cargué la batería.
Hoy me puse la cámara al cuello.
Mañana hay directo.
Y de momento, con eso basta.
Con dos cojones.


La fotografía, puede agotarnos, demasiada exigencia, demasiadas expectativas... Tiene razón Enrique, es una relación tóxica, cuando estamos a punto de abandonarla, siempre nos entrega algo que nos hace seguir...
Miguel, esto de la fotografía tiene bastante de relación tóxica bien llevada. Un día estás hasta los cojones, la cámara te mira desde la mesa como un perro al que no sacas desde hace tres días y tú piensas que quizá todo se ha acabado. Luego aparecen cuatro tipos desde Chile, México, Argentina y Alicante, te dicen dos cosas en un directo y vuelves a cargar la batería como quien vuelve con un ex sabiendo perfectamente cómo terminó la última vez.
Me gusta mucho esa idea de la liturgia: cargar batería, vaciar tarjeta, colgarse la cámara y salir. Parece una tontería, pero ahí está medio oficio. Porque muchas veces uno no vuelve a la fotografía por una revelación mística ni…