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HE SIDO UN FUMETILLA

Foto 12/de muchas. Viernes 17 de julio de 2026. YO HE SIDO UN FUMETILLA. Nuevo Proyecto PECHO LOBO
Foto 12/de muchas. Viernes 17 de julio de 2026. YO HE SIDO UN FUMETILLA. Nuevo Proyecto PECHO LOBO

Hoy me he acordado del día que fuimos a comprar porros en Menorca.


Verano de 2003.


Yo era animador turístico deportivo.

Tenía un Renault 5.

Ligaba con turistas.


Me engañaban en el sueldo.

Pero no en el curro.


Y me lo pasé de puta madre.


Yo he sido un fumetilla.


Hay edades en las que eliges:

o ganas dinero

o fumas porros.


Yo no gané ni un duro.


Pero me lo pasé mejor que muchos.


El caso es que nos hablaron de un uruguayo

que movía porros en la isla.


Muy desconfiado.

Que fuéramos diciendo que veníamos de parte del Juanlu.

Mis cojones treinta y tres si nos estaba esperando.


El uruguayo hacía el rol de pasar droga sin jugársela.


Y que me den por culo tres veces hoy mismo

si aquel tío no estaba listo para saltar al cuello.


Éramos dos.


Mi colega de curro, el Tete.

Y yo.


Dos lumbreras.


Abrimos la puerta.

Y aparece un tipo con el pelo rapado,

cara de lagarto

y dientes descolocados de demasiadas peleas.


Nos pregunta qué queremos.

Le suelto lo del Juanlu.


Y antes de terminar la “u”

ya me tenía cogido de la pechera.


Así.

Sin prólogo.


Hablaba tan cerca

que le olí el aliento uruguayo mezclado con tabaco y mala leche.


El Tete, con voz de funeral,

le decía que se tranquilizara.


Yo, buscaba como zafarme de tan mala situación


El tipo se tranquilizó.

Se presentó.

Dijo que no andaba con tonterías.


Esa fue su tarjeta de presentación.


Nos fumamos unos porros.

Hablamos.

De lo bien que les iba la vida

a otros.


A los que en ese momento estaban estudiando.


Y nosotros allí.

En Menorca.

Con un Renault 5.

Con un Uruguayo dispuesto a partirse la cara

Sin un duro.

Pero vivos.


Muy vivos.

Con dos cojones

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Miguel, aquello no fue comprar porros: fue superar una prueba de acceso a la vida adulta diseñada por un uruguayo con cara de lagarto y métodos pedagógicos basados en agarrarte de la pechera.

El Renault 5, el Tete hablando con voz de funeral y tú intentando recordar si el tal Juanlu existía de verdad convierten la escena en una película de delincuentes de bajo presupuesto, donde nadie tenía dinero, experiencia ni sentido común, pero sí una confianza admirable en que todo acabaría bien.

Y al final acabó bien, claro: fumando con el mismo hombre que cinco minutos antes parecía dispuesto a desmontaros por piezas. Es curioso cómo funcionaban aquellas amistades de juventud: primero te amenazaban, después compartían los porros y,…

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