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Hasta que la muerte os separe


Había nervios en la casa.


Flores que se recibían.

El fotógrafo a punto de llegar.

La madre mandando.


Y la niña…


Con su vestido de novia.


Hoy era el día.


A dos pueblos de aquel,

un sastre vestía al novio como se viste a los toreros.


Con ayuda y alfileres.


El padre bromeaba junto a los hermanos sobre los trajes

que llevarían en el acompañamiento.


Salvo el chaleco plateado,

el botón de la chaqueta

y el color del clavel en la solapa,

eran idénticos.


Los amigos empezaban a llegar.


La novia, ya maquillada y peinada,

hablaba despacio,

vocalizando con exageración cada sonido.


Estaba contenta.


Los ayudantes del fotógrafo movían los muebles de la casa.


Todos posaban.


Abajo, el coche esperaba.


El novio ya estaba en la iglesia.


Guapo.

Elegante.

Barba rasurada.

Pendiente de diamante en la oreja izquierda.


Saludaba a amigos, familiares y curiosos.

Abrazos para todos.


La gente iba entrando.


La novia no aparecía.


Esa maldita tradición de hacer esperar

empezaba a incomodar.


De repente, música nupcial.

Bella ella.


Vestido blanco aperlado,

con cola de arrastre.


Su padre la deja en el altar.


Su madre, en primera fila,

llora mientras mira a los lados.


Empieza el sermón del cura.


Treinta y cinco minutos de

“pónganse de pie”

y “vuelvan a sentarse”.


Nervios en la cara de ella.

Nervios en la cara de él.


—¿Quieres a María como tu legítima esposa

en la salud y en la enfermedad,

en la alegría y en las penas,

en la luz y en la oscuridad?


Silencio.


Y de repente,

le vinieron a la mente las palabras de su primo Juan Carlos

cuando se fue a la mili a Ceuta:


Puedes objetar

hasta un paso antes

de cruzar el cuartel.


El cura repite:


—¿Quieres?


Silencio.


No quiero —dijo.



 
 
 

2 comentarios

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Miguel, esto arranca como el típico anuncio de colonia:

  • flores

  • madre mandando

  • fotógrafo colocando muebles como si fuera Tetris humano

  • el novio vestido como si fuera a salir a Las Ventas

Todo perfecto. Todo en su sitio. Todo oliendo a “esto ya está hecho”.

Y tú pensando:

“bueno, otra boda más… arroz, beso y pa casa”

PERO NO.

Llega el momento clave. El VAR de la vida.

El cura lanza la pregunta…y ahí entra el primo Juan Carlos desde Ceuta como si fuera un entrenador en el minuto 90:

“puedes objetar hasta el último momento”

Y claro… ese consejo entra como un misil en la cabeza del novio.

Silencio en la iglesia.

La novia pensando en el banquete. La madre…

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Vaya liada....

Abrazo

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