ESPERAR NO ES TUMBARSE
- Miguelitor

- 13 mar
- 2 Min. de lectura

Yo siempre he estado esperando mi turno.
Como tú.
Con paciencia.
Con los dientes apretados.
Hasta que nos llamen.
Con dos cojones.
Nunca sabemos cuándo va a tocar.
Esperé mi primer beso.
No fue con la que me gustaba.
Pero llegó.
Y cuando llega algo que llevas esperando, aunque no sea perfecto, sabe a gloria.
No por la chica.
Por la espera.
Por la tensión acumulada.
Por el “ya era hora”.
Todos esperamos.
Un curro.
Una llamada.
Un mensaje.
Un sí.
Una oportunidad.
Esperamos con los brazos cruzados.
O tocándonos la entrepierna mirando al techo.
Pero esperamos.
Porque no queda otra.
Ahora.
Una cosa es esperar después de haber peleado.
Y otra muy distinta es esperar sentado porque crees que el mundo te debe algo.
Eso no es paciencia.
Eso es fantasía.
Hace poco me llamó un amigo.
Que se viene a Hong Kong a trabajar.
Me alegré.
Coño, otro por aquí.
Le pregunté:
—¿Y qué vas a hacer?
Me dijo:
—Voy a enseñarles a los chinos quién soy yo.
Me hizo gracia.
Porque le conozco.
Valiente es.
Pero claro… ¿qué cojones significa eso?
¿Quién eres tú?
¿Y a quién exactamente se lo vas a enseñar?
Decía que vale para mucho.
Que es espabilado.
Que entiende todo a la primera.
Que solo necesita una oportunidad.
¿Oportunidad? ¿Dónde?
—Donde sea.
—Si a ti te han salido bien las cosas, ¿por qué a mí no?
¿Bien?
¿Mal?
¿Comparado con qué?
Aquí no regalan nada.
Aquí no te esperan con confeti.
Aquí hay visados.
Permisos de trabajo. Idiomas que no entiendes.
Contratos que tienes que leer tres veces.
Seguros. Burocracia. Impuestos.
Alquileres que te arrancan la piel.
Y gente que trabaja el doble que tú sin quejarse.
Por muy orientales que sean, los chinos no están esperando a que llegues tú a salvarles la vida.
Te dan mil vueltas. Y no por magia.
Por disciplina.
Por hambre.
Por constancia.
Vivir fuera no es postureo de Instagram.
Es soledad multiplicada por 16.000.
Es no entender nada.
Es empezar de cero cuando ya eras alguien en tu barrio.
Y si yo sigo aquí después de quince años no es porque me hayan regalado nada.
Es porque he currado todos los santos días.
No “de lo que sea”.
De lo que me acercaba a lo que quería.
No porque sea más listo.
Sino porque mientras esperaba mi turno…
Me estaba preparando.
Esperar no es quedarse quieto.
Esperar es afilar el cuchillo.
Es entrenar.
Es aprender.
Es comerte mierda si hace falta.
Hasta que suena tu nombre.
Y cuando suena…
Más te vale estar listo.

Hay algo muy honesto en lo que escribes: la diferencia entre esperar y esperar haciendo algo.
Muchos confunden la paciencia con quedarse quieto, como si la oportunidad fuera a llegar un día tocando la puerta con un ramo de flores. Pero la realidad casi siempre es más simple y más dura: cuando llega ese momento que llevabas años esperando, lo único que marca la diferencia es lo que hiciste mientras parecía que no pasaba nada.
Prepararte.
Aprender.
Equivocarte.
Comerte más de un plato de mierda sin hacer mucho ruido.
Vivir fuera amplifica todo eso. Porque de repente ya no eres “el que eras en tu barrio”. Eres uno más empezando desde cero, intentando entender reglas que nadie te explicó.
Por eso…