EN TODOS LOS LADOS SE CUECEN HABAS
- Miguelitor

- 23 jul
- 1 min de lectura

En todos los lados se cuecen habas.
Hoy, dos conserjes en un edificio de lujo donde voy a currar.
Mármol hasta el techo.
El aire huele a dinero y a ambientador caro.
Y ellos a punto de reventarse la puta cara.
A voces.
Escupían palabras que no entendía ni dios.
Pero la furia no necesita subtítulos.
Nada de pistolas de agua.
Uno señalaba los buzones como si acusara a Dios de un asesinato.
El otro le sostenía la mirada, cuello tenso,
quieto,
listo para saltar.
Me la sudaba si era por una carta, por una escoba o por orgullo mal colocado.
Aquello no iba de trabajo.
Esos tipos se odiaban desde vete tú a saber cuando
Se mascaba el mal rollo.
Hablaban en cantonés.
Que me den por el culo si entendía algo.
Pero entendía todo.
Mi cámara de fotos ya estaba preparada
Foto del primer guantazo
Único testigo.
Al final solo me queda el texto
Da igual el uniforme planchado.
Da igual el mármol.
Da igual el idioma.
En todos los putos lados se cuecen habas.
En todas partes hay reyes, gobiernos y buzones mal colocados.
Y hasta entre conserjes hay guerras frías.
Que se jodan.

Miguel, lo fascinante de estas escenas es comprobar que el lujo puede cambiar el decorado, pero no siempre mejora el guion. Puedes tener mármol, uniformes impecables y ambientador con aroma a cuenta bancaria, y aun así acabar a dos segundos de una pelea por un buzón, una escoba o veinte años de rencor acumulado.
También es verdad que la rabia tiene traducción simultánea. No entendías una palabra de cantonés, pero el dedo acusador, el cuello tenso y la mirada de “hoy dormimos los dos en comisaría” no necesitan diccionario.
Y tú, mientras tanto, con la cámara preparada para documentar el primer guantazo como corresponsal de guerra del sector de conserjería. Al final si hubo fotografía, pero también quedó la enseñanza:…
Una foto interesante, espero que algún día podamos verla. Creo que casi todos hemos estado alguna vez en una situación similar, en la que perdemos los papeles y actuamos sin razón, y cuando lo vemos en otra persona nos sentimos reflejados y nos da un baño de realidad.