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EL RECREO NUNCA TERMINA

Foto 23/ de muchas.Miércoles 29 de julio de 2026. EL RECREO NUNCA TERMINA. Nuevo Proyecto PECHO LOBO
Foto 23/ de muchas.Miércoles 29 de julio de 2026. EL RECREO NUNCA TERMINA. Nuevo Proyecto PECHO LOBO

A mí los gilipollas me gustan.


Lo supe desde el primer día.

Me hacen sentir más listo.

Casi superdotado.


Me hacen sonreír.


En el recreo de la escuela lo entendí.

Jugábamos al fútbol

hasta que llegaban los mayores.


Boleón a tu balón.

A tomar por culo.


Dueños del campo

por decreto.


Yo sonreía.


Sabía que eran gilipollas.


También estaban los del bocadillo.

Impuesto revolucionario escolar

El abusón.

Dueño de mi mortadela


Le dejaba que mordiese mi bocata

Sonriendo.

Sabiendo que era un gilipollas


Ni al del balón

ni al del bocata

le podías decir nada.


Porque el guantazo era rápido

y la cara de gilipollas

pasaba a ser la tuya.


Ahí aprendí algo.


El mundo es un recreo largo.

Siempre hay alguien que cree que el campo es suyo.

Siempre hay alguien que quiere tu bocadillo.


Y ni es ganar el partido

ni esconder tu bocata de chorizo


Es detectar al gilipollas.

Y no convertirte en uno.



 
 
 

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Miguel, al final has resumido la vida adulta con un campo de fútbol y un bocadillo de mortadela. Cambian los patios, cambian los abusones y algunos incluso se ponen traje, pero siempre aparece alguien convencido de que el terreno le pertenece y de que tu bocata forma parte de sus derechos adquiridos.

Lo difícil no es reconocer al gilipollas cuando te manda el balón a tomar por culo o te cobra el impuesto revolucionario de chorizo. Lo difícil es no terminar imitándolo cuando, con los años, eres tú quien tiene un poco más de fuerza, autoridad o espacio para abusar.

Así que sí: los gilipollas sirven para algo. Nos proporcionan historias, nos hacen sentir más inteligentes y, con un poco…

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