EL CHORRO MAS GLORIOSO DE MI PUTA VIDA
- Miguelitor

- 7 jul
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Hospital público de Hong Kong.
Olor a lejía, a viejo y a café de mierda.
Cien camas en una sala.
Cien desconocidos respirando a tu lado.
Yo, en una de ellas.
Una hernia por levantar ruedas de camión.
Por hacer el gilipollas, vamos.
Operado. Roto.
La amenaza era clara.
O meas la puta anestesia, o te metemos un tubo por la polla hasta la vejiga.
Y te hacemos mear a la fuerza.
Y yo no meaba.
Que no.
Imposible.
Con cien putos desconocidos escuchando.
Con el cuerpo hecho una mierda.
Con la vejiga a punto de reventar.
Me la sudaban los puntos.
Me la sudaba la herida.
Prefería otra puta operación antes que ese tubo.
Así que me levanté.
Al baño.
A la guerra.
Me puse de cuclillas en el suelo helado
Culo al aire.
Las pelotas colgando y rozando el suelo
el juguete dentro de la cuña con más meadas que el Manzanares.
Cerré los ojos.
Y esperé. Vaya si esperé.
Suplicando a un dios en el que no creo.
Y entonces...
Salió.
Un puto hilo de oro.
El chorro más glorioso de mi vida.
Olor a anestesia, color vinagre de manzana
Sonido de victoria.
Me han abierto en canal tres veces en esta puta ciudad.
No preguntes.
Solo quédate con esto.
La única lección que importa.
SIEMPRE QUE PUEDAS,
JODER, MEA.

Miguel, esta entrada convierte una meada postoperatoria en una escena de guerra, una odisea médica y casi una epifanía religiosa. Hay gente que encuentra a Dios en una catedral; tú estuviste a punto de encontrarlo en cuclillas, en un baño de hospital público de Hong Kong, con una cuña como cáliz sagrado.
Me ha hecho mucha gracia porque la tensión está perfectamente construida: no hay dragones, no hay villanos, no hay persecución… solo una amenaza mucho peor que cualquier película de terror: “o meas, o tubo”. Y ahí ya entiende uno que el ser humano no necesita grandes aventuras para conocer el miedo verdadero.
La frase “un puto hilo de oro” es asquerosa y preciosa a la vez, que ya…