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Zapatillas de no estar en casa



Me voy a dormir.


El día ha sido raro.

Quería estar con mi familia,

pero lo he pasado solo y lejos.


No quería estar en casa.

No quería ver a nadie.

Así que me he pirado a las montañas.


Anoche me tomé media pirula para dormir

y dormí la mitad.

Me desvelé y me tomé

la otra media.

Descansé un poco más.


Al despertar,

lo primero que hice fue acordarme de mi madre.

Después escribí en el blog.

Para ella.


Luego me puse las zapatillas de no estar en casa

y me fui a la montaña.

Le dije a mi mujer que tardaría.


He estado cuatro horas andando.

Llorando, meditando, chillando.

Quince kilómetros de cuestas, desniveles

y fotografías.


Me llevé la cámara.

Claro.

He fotografiado cada vez que se me caía una lágrima.

Ese era el objetivo.


Lágrima igual a foto.

A lo que tuviera delante.

Me daba igual.


Me senté en un acantilado

a ver pasar los buques mercantes.

Me relajé ahí un buen rato.


Luego me quité la ropa

y bajé por las rocas para bañarme.

El oleaje me frenó en seco

y decidí ir a la playa.


Justo en el momento de la misa de mi madre,

yo me metía en el agua.


El agua fría me hace sentir


Estuve casi diez minutos pensando en la ceremonia.

Mi madre.

Mi padre.

Mis hermanas.

Mis sobrinos


He decidido volver a la rutina mañana mismo.


Madrugar.

Hacer deporte, nadar

Currar.


Clases de español, de canto

y la academia de fotografía.


La vida sigue.

Los golpes se quedan,

pero toca ponerse de pie

y andar.

 
 
 

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Miguel, leerte hoy es caminar a tu lado sin decir nada. Solo seguir el ritmo que marca el cuerpo cuando la cabeza no puede.

Hay días en los que estar con los tuyos duele y estar solo también.Y aun así uno sigue andando, sube cuestas, se moja, respira, porque quedarse quieto sería peor.

Que hayas llevado la cámara como quien lleva un testigo dice mucho de cómo estás sosteniendo esto: mirando, sintiendo, dejando constancia sin pedirle nada a nadie.

Siento mucho la ausencia de tu madre. Y entiendo esa forma de honrarla siguiendo adelante, no por fuerza, sino porque es la única manera que conoces de querer.

Un abrazo grande, de esos que no interrumpen y no piden respuesta.

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