Todo lo que necesitamos saber del infierno. Capítulo 4: Chocolatinas, amenazas y carne cruda
- Miguelitor

- 15 jun
- 2 min de lectura

Aquí ya no hay metáfora.
Aquí huele a casa cerrada.
El infierno doméstico de Duffy se abre de par en par.
Si antes intuíamos desequilibrio, ahora vemos el asco.
Desconexión total.
Violencia que todavía no ha explotado, pero que respira debajo de la alfombra.
La chocolatina de 100 gramos
La primera víctima es su hijo.
Félix. Nueve años. Gordo.
Una chocolatina de 100 gramos desata el desprecio.
Para Duffy,
que vive contando calorías y levantando hierro,
el sobrepeso es pecado mortal.
El niño se justifica.
Quiere los cereales porque el coche de juguete es más grande que el de la otra caja.
Consumismo infantil.
Publicidad que manipula.
Crews mete la crítica sin sermón.
Duffy lo odia todo.
La grasa.
La debilidad.
La trampa del mercado.
Pero el odio no educa.
Solo separa.
Aire acondicionado para conservar carne
Entra en casa.
Tish está pintándose las uñas.
El aire acondicionado tan fuerte que, según él, serviría para conservar carne.
Ya está todo dicho.
Frío.
Artificial.
Muerto.
Hablan.
Bueno, no.
Emiten sonidos.
Ninguno escucha.
Para Duffy, ella es otro mueble inútil.
Para Tish, sus uñas importan más que su marido.
La tensión sube.
Duffy la amenaza.
Dice que si no sale a hablar con él, la golpea.
Nunca le ha pegado.
Pero no por respeto.
Por miedo.
Miedo a no poder parar si empieza.
Eso es peor.
Sexo con carne cruda
Y aquí llega lo más sucio.
Duffy la mira.
Reconoce que sigue estando espectacular.
Recuerda cuando empezaron.
Sexo salvaje.
Frenético.
“Como follar con una ardilla”.
Vida.
Instinto.
Ahora no.
Ahora dice que acostarse con ella es como follarse un kilo de hígado crudo.
Frío.
Inerte.
Sin alma.
Y ahí se acaba el capítulo.
Sin redención.
Sin ternura.
Solo la constatación de que el deseo también se pudre.
Este libro no va de deporte.
Va de cuerpos que se entrenan mientras el alma se atrofia.
Y yo ya no estoy leyendo por curiosidad.
Estoy leyendo para ver cuándo explota todo.
Con dos cojones.

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