Segunda noche después del implante
- Miguelitor

- hace 7 días
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Segunda noche después del implante
y no puedo dormir.
Empiezo a ponerme nervioso.
La cara sigue hinchada.
La boca reseca.
Y la fiebre asoma ya por la calva.
37,5.
No es mucho.
Pero es justo lo suficiente para comerte el coco despacio.
Seguramente estar ayer todo el día
leyendo en el Kindle
y pegado al ordenador
no ayudó a mi visita a Morfeo.
A las doce me tomé la media pastilla
que sobró de ayer.
Ahora son las 2:40
y aquí estoy:
escuchando búhos,
a mi mujer roncar,
y empezando a estar hasta las pelotas.
Encima sé que hoy tampoco voy a trabajar.
Y jode.
No curras, no ganas.
Me daré un paseíto por la playa
y escribiré una nota de
“no puedo hablar”
para enseñársela a los conocidos
con los que me cruce
y me pregunten qué cojones me ha pasado en la cara.
Se la enseño
y sigo caminando.
No estoy yo para charlar.
Hace un rato me levanté
para ver si la hinchazón había bajado.
Unos cojones treinta y tres.
Sigo con cara de melón,
sin hablar
y sin comer.
Ayer me pasé todo el día
a base de batidos de plátano,
proteína, yogur
y harina de frutos secos.
Pensaba que me quitaría el hambre.
Mis cojones treinta y cuatro.
Pero no es el hambre lo que me preocupa.
No estoy desnutrido.
Eso seguro.
Es la fiebre.
Si va a más, ¿qué hago?
Si empieza a doler el implante, ¿qué hago?
¿Cuánto tiene que doler
para llamar a los sanitarios?
¿Podré dormir hoy?
No lo sé.
De momento sigo aquí.
Despierto.
Inflamado.
Pensando demasiado.
Otra noche punk.
Sin guitarras.
Con hielo en la cara
y la cabeza a mil.

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