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Que se metan la torre Eiffel por ahí



Las fruterías huelen a fruta.

A fruta de toda la puta vida.


No es solo el olor.

Es la vista.

Un puto paraíso sensorial.


Con dos cojones.


A mí siempre me ha gustado pasear por mercados.

Vocinglear, como dicen en mi pueblo.

Mirar lo que hay, oler, criticar, catar.


De hecho, es el único turismo que hago.

Mercados

y exposiciones.


Todo lo demás

me la suda.


La Torre Eiffel, por ejemplo.

Que se la metan por el culo.


Si voy a París

no quiero ver hierro.

Quiero ver mercados callejeros.


La Torre ya la he visto.

En YouTube.

En 4K.

Sin colas.


En mercados callejeros de Asia

he visto de todo.


Atar ranas de tres en tres para que no se escapen.

Trocear serpientes como el que parte el roscón en Navidad.

Matarte en la cara el pato que otra señora ha elegido.

Y ofrecerte, con una sonrisa, un pincho moruno de perro.


Vivan los mercados.

De verdad.


Hoy he ido a un mercado de Hong Kong

a comprar fruta,

porque sigo con mi dieta de no morder.

Y me he acordado de lo que me gustaba ir de pequeño

a los Jueves de mi pueblo.


El mercadillo.


He recordado una anécdota con un amigo de clase.


Séptimo u octavo de EGB, por ahí.


Fuimos a los Jueves

a ver, mirar, vocinglear

y robar.


Sí.

Robar.


Ese día robamos

un zapato,

dos mandarinas,

una camisa de mujer

y nos comimos una berenjena

de esas en vinagre

cuando el tipo se dio la vuelta.


Yo creo que por anécdotas como esa

me gustan los mercados.


La Torre Eiffel, insisto,

que la den.


Eso se ve en YouTube.


Yo prefiero

que me maten el pato en la cara

y comerme una berenjena

cuando nadie mira.

 
 
 

2 comentarios

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Invitado
08 feb

Las fruterías huelen a fruta porque todavía no han sido optimizadas por Amazon. Y eso ya es una victoria cultural.

El turismo bueno es el que se suda los monumentos y se mete en mercados a mirar, oler y juzgar sin pagar entrada.

La Torre Eiffel es un salvapantallas caro. Los mercados, en cambio, son vida en directo con riesgo biológico incluido.

Que te maten un pato delante te sitúa mucho mejor en el mundo que subirte a un mirador lleno de influencers haciendo el mismo gesto con la mano.

Lo de los Jueves del pueblo no era robo, era formación antropológica temprana: aprender que una berenjena sabe mejor cuando no es tuya y nadie mira.

Al final todo encaja:…

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Seas quien sea sepas que me encanta tu comentario!!! Ole!

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