Oda a la arrogancia
- Miguelitor

- hace 21 horas
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Me gusta la arrogancia
No la de los niños ricos.
Eso no es arrogancia, es pasta mal digerida.
Hablo de la otra.
La que no pide permiso.
La que te levanta y te dice:
el mundo está mal hecho y alguien tiene que arreglarlo.
Los humildes obedecen.
Los arrogantes escriben.
La humildad aguanta.
La arrogancia empuja.
Claro que es peligrosa.
Es una navaja oxidada.
O rajas la mediocridad
o te rajas tú.
A jugar.
El conformista pregunta por qué.
El arrogante pregunta por qué no
y prende fuego al resto.
El sol sale porque sí.
El mar no dialoga.
Golpea hasta que gana.
Eso es arrogancia.
Pura biología.
Seguir vivo no basta.
Te llamarán loco.
Idiota.
Soberbio.
Da igual.
Si fallas, se reirán.
Si ganas, copiarán.
La diferencia entre un genio y un imbécil
es quién queda en pie al final.
La arrogancia es creer en ti
cuando nadie apuesta.
Es una erección del alma
sin público.
Es crear desde la rabia,
desde el vacío,
desde el “me da igual”.
Es fuego.
Quema.
O te apaga.
El resto es quedarse quieto.
Y quedarse quieto
es morirse despacio.



Miguel, te compro la arrogancia… con manual de instrucciones. La buena, la que empuja, no la que presume. La que escribe con el ceño fruncido y no con la cartera abierta.
Eso sí, aviso: entre “arrogancia creativa” y “me he levantado cruzado” hay una línea fina como una navaja oxidada… y tú juegas ahí descalzo. A veces corta la mediocridad. Otras te deja una cicatriz para acordarte de quién eras.
Me gusta esa definición: erección del alma sin público.Eso explica muchas cosas y, de paso, aclara por qué algunos confunden fuego con humo.
En cualquier caso, sigue empujando.Que los humildes sostengan la pared y los arrogantes la tiren abajo.Luego ya veremos quién se queda de pie… y quién pide el…