MI PEQUEÑO HOMENAJE A LOS ILEGALES
- Miguelitor

- 12 dic. 2025
- 2 Min. de lectura

(Antes de empezar a leer sepas que al final del texto tienes la versión que saldrá en el Zine)
Cuando Jorge Martínez, de Ilegales, se reunió con los colegas para poner nombre a la banda,
cada uno soltó su propuesta.
Él no.
Él dijo que quería llamarla Los Hijos de la Gran Puta.
Toma ya, con dos cojones.
De haber sido por él, así se habría llamado.
Pero al final, por votación, quedaron como Ilegales.
Brindo por ellos.
Gracias, Jorge. Descansa en paz.
Gracias, Ilegales.
Cuando tenía 17 años, nosotros también éramos unos hijos de la gran puta.
Hacíamos putadas varias.
Sabíamos teléfonos, nombres y apellidos de gente de nuestra edad y de sus padres.
Íbamos a las cabinas a gastar bromas pesadas,
porque era barato, fácil
y porque éramos así de idiotas.
Recuerdo una especialmente graciosa.
Nos partimos cuando vimos al padre salir de casa, subirse a la furgoneta
y dirigirse hacia donde le habíamos dicho.
Con dos cojones.
No voy a decir nombres.
Si fuiste mi amigo de la infancia, ya sabes quién era.
Y si no lo sabes… te jodes.
En el pueblo había un chaval un par de años mayor que nosotros.
Le conocíamos bien.
Se había sacado el carnet y estaba en la plaza con su coche y su novia.
Guapísima ella.
Buen tipo él.
Uno de mis amigos se sabía el teléfono de sus padres, nombres y apellidos incluidos.
Y nos propuso la jugada.
Teníamos unas cuantas pesetas.
La idea era hacer bajar al padre al cuartel de la Guardia Civil.
Había una cabina cerca de su casa.
Para allá fuimos.
Mi amigo llamó haciéndose pasar por el cabo de la Guardia Civil de Ciempozuelos.
Los demás estábamos detrás, conteniendo la risa,
esperando ver al padre salir por la puerta.
Llamó.
Tono serio.
Preguntó por el padre.
Soltó nombres y apellidos.
Óscar al mejor actor.
El padre contestó:
“¿Ha pasado algo?”
Mi amigo le soltó:
“Su hijo está detenido en el cuartel de Ciempozuelos por una pelea
y vamos a llevarle a Pinto.
Antes queremos hablar con usted.
¿Sería tan amable de venir?”
Un padre no deja tirado a un hijo.
Y este tampoco lo hizo.
“Ahora voy para allá”, dijo, y colgó.
A los cinco minutos salió de casa, se montó en la furgoneta
y puso rumbo a la Guardia Civil.
Y ahí nos quedamos nosotros, partiéndonos de risa como cabrones.
Imaginábamos al padre llegando al cuartel y preguntando por su hijo,
y a los guardias poniendo cara de “¿pero qué cojones dice este?”.
Nos dio para reír un buen rato.
Al cabo de una hora volvió a casa.
Seguro que cabreado por la broma,
pero también aliviado al ver que su hijo no estaba detenido.
Depende de cómo te lo tomes:
es una putada, sí,
pero puedes dormir tranquilo.
Hoy en día, este chico (Ya hombre)
sabe que fuimos los de la bromita
Se lo contamos tiempo después
y nos reímos juntos.
Este texto, totalmente verídico,
es mi pequeño homenaje a Ilegales.
A los Hijos de la Gran Puta.
Gracias, Jorge.

Jajaja
Pedazo de broma!