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ME GUSTA SER PEATóN


Conducir me ha gustado.

Mucho.


Antes incluso de tener carnet ya conducía camiones.

Los de mi padre.

Y mi hermano me dejaba llevar un camión de 9.000 kilos cargado de pollos por Madrid.


Con dos cojones.

Y con la ignorancia justa para no pensar en lo que podía pasar.


El día que me saqué el carnet cogí el coche y me fui a Burgos a comerme un pepito de ternera.

500 kilómetros para comerme un bocata con un filete dentro.

El mejor bocata del mundo.


Luego vino la mili.

Conductor–mecánico.

Después repartir neumáticos.

Después cruzar media España en un Mini Cooper cargado de cervezas, con dos chicas al lado.


Suena bien, ¿no?


Pues era trabajo.

Y no me comí un colín.


Desde que vivo en Hong Kong no he vuelto a conducir.

No tengo coche.

No tengo pasta para uno.

Y aunque la tuviera, no me compraría ninguno.


Cuando vuelvo al pueblo no me espera ningún coche.

Así que no conduzco.


No lo hago desde 2010.


Ayer se lo conté a un amigo.

Puso una cara como si le hubiera insultado.

Gesticuló de más.

Me preguntó si no lo echaba de menos.


Conducir mola.

También estresa.


Recuerdo los atascos a las nueve en Bravo Murillo.

Los pitidos del que se levanta cinco minutos antes de entrar a currar.

Los payasos que adelantan por donde les sale de la punta del embrague.


Recuerdo pagar la puta gasolina.

El seguro.

Los impuestos y las multas


Prefiero ser peatón en un sitio como Hong Kong, donde no necesitas coche,

que tener uno

para ir a por el pan

como hacía antes.



 
 
 

1 comentario

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Enrique Murciano
Enrique Murciano
22 dic 2025

Miguel, amigo…

Lo tuyo con la conducción es para hacer una miniserie en Netflix: “De los pollos en Madrid al pepito de ternera en Burgos: la carretera como destino.”

Que antes de tener carnet ya llevases un camión de 9 toneladas cargado de aves…Eso no era aprendizaje, eso era la selectividad del volante. Si sobrevivías a eso, el examen de tráfico era como aparcar un patinete.

Y lo del Mini Cooper lleno de cervezas y dos chicas…La premisa prometía romance, fiesta y carretera…pero acabó siendo reparto a domicilio y cero besitos.

Luego llega Hong Kong y se te acaba la vida de camionero romántico. Ni coche, ni carnet útil, ni pollos. Lo entiendo: con lo que cuesta aparcar allí, mejor…

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