Lavarse las manos (o hacerse el loco)
- Miguelitor

- 21 ene
- 2 Min. de lectura

Entre las grandes farsas de la civilización
está la de lavarse las manos después de mear.
Yo estuve años sin hacerlo.
Años.
Normal.
Si meas en el campo, el único grifo es el viento.
No voy a fingir ahora que siempre fui un ejemplo.
Me paso el día por Hong Kong.
Calle arriba, calle abajo.
Fotos.
Clases de español.
Y dos o tres veces al día,
servicio público.
Lo que toque.
Sin ceremonia.
Y miro.
Porque mirar es un vicio.
Y porque de ahí salen las fotos.
Miro quién se la toca
y sale directo a la calle
como si sus manos fueran patrimonio de la humanidad.
Manos que luego empujan puertas.
Tocan barras del metro.
Agarran teléfonos ajenos.
Contribución silenciosa
a este festival de infecciones que llamamos ciudad.
No digo que el mundo se salvara
si todos se lavaran las manos.
Pero tocaríamos los picaportes
con menos fe en el destino.
Luego están los otros.
Los fanáticos del jabón.
Virgen santa.
Se remangan como mecánicos.
Se frotan como si hubieran enterrado un cadáver.
Jabón, agua, jabón, agua.
Hasta que la piel pide asilo político.
No digo que esté mal.
Pero tampoco estamos en quirófano, campeón.
Yo voy a mi manera.
Grifo.
Comprobación térmica.
Manos mojadas.
Salida digna.
No soy ejemplo.
Pero tampoco un peligro biológico.
Ni sé si el que no se lava
luego se limpia con una toallita.
Ni sé si hace falta actuar
como cirujano con TOC.
Mear es íntimo.
Asqueroso, pero íntimo.
Pero lavarse las manos es un acto social.
Un pacto mínimo.
Un “no te voy a joder la tarde”.
Y ese pacto,
en muchos baños públicos,
se rompe cada día
a la altura del grifo.

Miguel, has abierto un melón peligroso.El de los meados existenciales y la filosofía de lavabo.
Me encanta tu teoría del “grifo simbólico”: no te lavas, pero haces el gesto. Eso es como pedir perdón sin sentirlo. Muy humano.
Lo de los que salen disparados sin tocar agua…esos van sembrando bacterias como si fueran influencers del microbio. Gente que no cree en Dios, pero sí en la inmunidad de sus manos.
Y luego están los otros: los que se lavan como si hubieran destripado un jabalí con las uñas. Jabón, agua caliente, jabón otra vez, y al final sales con las manos más secas que tu cuenta bancaria en Navidad.
Tu método me parece el punto medio perfecto: ni cirujano con…