Hoy he visto a un mayordomo sonreír.
- Miguelitor

- 2 ene
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Hoy he visto a un mayordomo sonreír.
Ya he contado varias veces que parte de mis facturas
las pago cantando con una señora.
No sé cantar, lo cual
lo hace todavía más meritorio.
Además, me meto tanto en el papel
que corrijo hasta al pianista.
Once años cantando Bésame mucho.
Me la sé hasta del revés.
Ella sabe que canto mal, pero me paga
por la cara que le echo.
Con dos cojones.
El caso es que hoy no ha llegado a tiempo a su casa
y ahí estaba yo, en la mansión, solo,
con un mayordomo y varias chicas de la limpieza.
Siempre me ponen café vietnamita,
porque yo soy muy chiribita para el café
y si no es vietnamita
me voy,
y que cante el mayordomo con la señora.
No te jode.
La señora no llegaba y yo ahí,
mirando los trastos que tienen los ricos.
Y entonces veo una campana encima de la mesa
La misma campanita que nos daban
a los que éramos monaguillos.
Saludos, Alicia.
Espero que estés leyendo esto.
Yo soy un catasopas.
Si veo una campana, la toco.
Si veo una escopeta de perdigones, disparo.
Y si veo un perro,
prefiero que no me chupe.
Así que meneé la campana.
Tres veces.
Tilín.
Tilín.
Tilín.
Y apareció el mayordomo con unas prisas
que parecía que había metido el gol de la prórroga en una final.
No me dio tiempo ni a soltar la campana
cuando ya lo tenía delante.
—¿Desea algo usted?
¿Desear?
Si ya tengo mi café vietnamita.
Miró la campana.
Se ve que cada vez que suena viene Sebastián a comprobar si el algodón engaña.
Me hizo gracia.
Le guiñé un ojo.
Chocamos esos cinco.
Y le dije que cuando me oiga tocar la campana
no me haga ni puto caso.
Sebastián ha sonreido.
Feliz año Sebas!

Miguel, esto ya no es un blog:
Es Downton Abbey versión chiribita.
Once años cantando Bésame mucho sin saber cantar y cobrando por actitud…eso no es talento, eso es seguridad en uno mismo nivel aristocracia.
La escena es gloriosa:
tú solo en la mansión, café vietnamita en mano, rodeado de trastos caros y una campana mirándote como diciendo“atrévete”.
Y claro, tú eres monaguillo de formación: si hay campana, se toca. Eso no se discute. Eso es dogma.
El pobre Sebastián llegando a la carrera, con cara de “¿se ha muerto alguien o quiere más azúcar?”, y tú ahí, guiñando el ojo como si estuvieras en casa de tu abuela.
Lo mejor no es que hayas tocado la campana. Lo mejor es…