Ese bendito olor a pollo
- Miguelitor

- 22 mar
- 2 Min. de lectura

El negocio familiar era vender pollos.
No, "negocio" suena fino.
Lo nuestro era vender cadáveres desplumados.
¿Quieres estrés?
Vende algo que se pudre en dos días.
Tu talento comercial no está en un puto máster.
Está en el reloj de un pollo muerto.
Con el pollo me pasa como con las patatas.
Me gusta en el plato, no en las manos.
El trabajo te deja las uñas teñidas de oficio.
El olor metido en la piel.
Pero hoy no hablo de eso.
Hablo del OLOR.
Andando por Hong Kong.
Un furgón frigorífico abre la puerta.
Y me golpea.
El olor a pollo MUERTO.
En plural.
Uno es cocina. Mil es industria.
Mil es un puto cementerio.
Y me dio asco.
Rechazo físico.
El mismo puto olor que respiré durante años.
Por necesidad. Por rutina.
Seguí andando.
Diez metros.
Y me paré.
Y volví al punto A
A olerlo otra vez.
Con dos cojones.
Y ya no era asco.
Era un puñetazo de recuerdos.
Mi viejo.
Mi hermano.
El frío en los dedos.
Las risas. Las broncas.
Los madrugones.
El aprendizaje a hostias.
Nunca quise ese trabajo de mierda.
Yo quería cualquier otra cosa.
Pero ese olor...
Ese puto olor, a miles de kilómetros, me atravesó.
Y me recordó de dónde coño salí.
No de una oficina con aire acondicionado.
Salí de una sala de despiece con sangre seca.
De un furgón cargado al amanecer.
Y sonreí.
Porque puedes renegar del oficio.
Pero el oficio no reniega de ti.
Te enseña la puta lección más importante.
Lo que no vendes hoy, mañana apesta.
Y eso, amigo, sirve para todo.
Para los pollos.
Y para la puta vida.
Con dos cojones

Te leo y sé exactamente de qué hablas.
En ese olor a pollo también está papá.
Y en el del tabaco, mamá.
Al final, hay olores que no se olvidan porque son casa, aunque ahora casa quede lejos. Aquí estamos, en Ciempozuelos
El olfato viaja directamente al sistema límbico del cerebro. Lugar donde albergan la memoria y las emociones. No hay filtro. Es el sentido que tiene pase directo al pasado.
No es difícil imaginarte en ese oficio.
Y es bueno saber de dónde viene uno, no hay que perder ni el Norte, pero tampoco el Sur.
De cada lugar nos llevamos o dejamos algo.
Muy bello lo escrito.
Abrazo.
Hay olores que no son olores. Son memoria pura.
Y lo curioso es que mientras estás dentro, no los soportas. Te parecen rutina, suciedad, algo de lo que quieres salir cuanto antes. Pero basta que pasen los años y que te los encuentres de golpe, en otro país, en otra vida… para que dejen de ser asco y se conviertan en identidad.
Porque ahí no huele solo a pollo. Huele a origen.
A lo que no elegiste, pero te construyó.
A las manos sucias, al frío, al madrugón… y a todo lo que vino después gracias a haber pasado por ahí.
Me gusta mucho esa idea de volver atrás diez metros para olerlo otra vez. Eso no es nostalgia barata.…