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Enero, implantes y ganas de morder


Empecé el año acojonao y con implantes dentales.

Enero me metió el rabo en la boca sin pedir permiso.


Lo termino con la cara menos hinchada

y el ego recolocándose en su sitio natural:

por las nubes.


Sigo siendo el más guapo que conozco.

No es opinión.

Es diagnóstico.


Ayer me levanté medio humano

y dudé entre ir a currar

o quedarme en casa odiando al mundo

como una persona equilibrada.


Pero es final de mes

y las facturas no entienden de encías rotas

ni de crisis existenciales,

así que me puse la sonrisa de gilipollas productivo

y salí.


Antes pasé a recoger la tarjeta de viaje,

esa maravilla burocrática

que sirve para saltarte inmigración,

que para eso existe el puto progreso.


Con ella cruzas la frontera a China

sin colas, sin preguntas, sin funcionarios

jugando a ser importantes.


Es como el DNI de Hong Kong,

pero todo en chino,

y hace lo que tiene que hacer.

Milagro.


Treinta segundos.

Menos de lo que tardas en rascarte los huevos.


Aquí la administración funciona.

No como en mi pueblo,

donde todo es lento, torpe

y siempre hay alguien ofendido

estorbando.


Como me sobraba tiempo

me fui a hacer fotos

para no pensar

y luego a cantar.


A cantar español.

Con una señora con la que canto español.

Porque la vida tiene sentido del humor.


Intentar cantar

con la encía cosida,

la boca hecha un Cristo

y cinco días sin hablar

es una idea de mierda

al nivel de meter la mano en una trituradora.


Pero hay que pagar el alquiler

y nadie te da medallas por sufrir.


Después vinieron cuatro clases de español,

porque el cuerpo puede estar hecho polvo

pero el sistema quiere su libra de carne

puntual.


Por la noche,

mi cara, mi voz

y mi hambre

volvieron a su sitio.


Termino enero sonriendo.

Con un diente temporal,

barato,

sospechoso,

probablemente fabricado por un niño cansado.


Pero sonriendo.

con dos cojones.

 
 
 

1 comentario

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Enrique Murciano
Enrique Murciano
hace 3 días

Enero te arrancó los dientes pero te devolvió el ego con intereses. Eso no es un mes, es un reset espiritual con anestesia local.

Implantes, encías cosidas, dignidad en observación y aun así sales a currar con la sonrisa de “todo bien, jefe” como si no llevaras la boca grapada por Amazon Basics.

Lo de cruzar fronteras en 30 segundos mientras tu pueblo sigue decidiendo si hace falta sello, fotocopia o sacrificio humano es poesía administrativa.

Cantar español sin poder abrir la boca es compromiso artístico, o directamente odio a uno mismo, no lo tengo claro.

Ese diente temporal sospechoso fabricado por un niño exhausto en algún lugar del mundo ya es parte de tu leyenda.

Enero no pudo contigo.…

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