CAFé PARA DOS FUMANDO UN CIGARRILLO A MEDIAS
- Miguelitor
- hace 3 días
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Once putos años.
Llevo once años con la misma señora. Cantando.
Bueno, "cantando".
Yo abro la boca y suena a grada de fondo sur.
A cenicero lleno.
A las tres de la madrugada de un viernes de porros
Y ahí estoy yo.
El puto cromañón.
Explicándole a una señora china cómo cojones se pronuncia una palabra para que suene a verdad y cantarla
Lo mío tiene un mérito del carajo.
Me pagan por cantar.
Y NO TENGO NI PUTA IDEA.
Pero tengo los cojones de parar al pianista en seco y decirle: "No, macho. Así no.
Y se callan.
Y lo hacen.
Porque saben que yo no vengo de un conservatorio.
Vengo del sofá de mi padre.
Y hoy va la tía y me pide una de esas canciones.
De las de antes.
Paloma san Basilio,
con dos cojones
Y me ha explotado el recuerdo en la puta cara.
En mi casa,
Paloma San Basilio era una emergencia nacional.
Sonaba su nombre en la tele y mi padre,
desde el sofá,
ladraba la orden sagrada: ¡Sube el volumen!
Y allí peregrinaba yo hasta el altar de la tele de tubo.
A girar la puta manivela como si me fuera la vida en ello.
El volumen era la coartada.
La excusa de mierda para que un padre y un hijo pudieran babear a la vez sin sentirse culpables.
Un puto pacto de sangre hormonal.
Nos la sudaba el café para dos y el cigarrillo a medias.
Estábamos en silencio, pero nuestras miradas gritaban lo mismo: Joder.
¡Paloma San Basilio estaba muy buena!
Y yo, con un calentón en la entrepierna que no sabía ni cómo se escribía, entendiendo mi primer gran secreto de hombre:
que para admirar un buen culo,
primero hay que fingir que te interesa el arte.
Por eso me pagan.
No por la voz.
Me pagan por la memoria. Por el callo.
Porque sé exactamente dónde cojones hay que poner la pausa para que se te encoja el estómago.
Lo aprendí en ese sofá.
Y hoy, me he acordado y he sonreído


















