Vega Sicilia y dos Champions league
- Miguelitor

- 11 mar
- 2 Min. de lectura

Recuerdo que pasó tres veces.
Tres.
Un tipo venía al restaurante donde yo trabajaba.
Se sentaba solo.
Sin ruido.
Sin séquito.
Sin postureo.
Y pedía un Vega Sicilia.
700 eurazos la botella.
Y pedía que yo le acompañase a bebérselo.
Con dos cojones.
Yo llegué a Hong Kong en 2010 a vender vino.
No había abierto una botella en mi puta vida.
Y de repente me veo hablando de taninos.
Vete tú a saber qué cojones es eso.
Yo asentía.
Ponía cara de entendido.
Giraba la copa.
Miraba al infinito.
Y soltaba palabras largas.
Algunas veces no colaba
Un día decidieron que además de vender vino podía cantar.
Que hacía el restaurante más “típico español”.
No sé en qué España habían estado.
Que me den dos patadas en las pelotas ahora mismo si en España se canta en los restaurantes como norma.
Pero yo dije que sí.
Porque cantar, aunque no sepa, me da menos vergüenza que fingir de sumiller.
Así que ahí estaba.
Dos filipinos con guitarra.
Yo dando palmas sin ser palmero.
Voz de ultrasur.
Mesa por mesa.
Con dos cojones.
A algunos les gustaba.
A otros les sangraban los oídos.
A mí me daba igual.
Yo quería el sueldo.
Y no volver a España derrotado.
Y entonces apareció él.
Venía solo.
Siempre solo.
Pedía un Vega Sicilia de 700 euros.
Se sentaba.
Y cada vez que yo pasaba, me preguntaba algo.
Del vino.
De España.
De lo que fuera.
Un día me dijo:
—Siéntate.
Y me senté.
Me ofreció una copa.
Yo, entrenado para noches largas y decisiones dudosas, no iba a decir que no.
Abrí el gaznate como un cachalote cuando ve gambas.
Y pa dentro.
Media botella me tomé
350 euros en mi hígado.
Dos Copazas
Dos Champions League líquidas.
Con dos cojones.
Volvió otro día.
Me volvió a invitar.
Le dije que tenía que trabajar.
Hablé con el manager.
El manager me dijo:
—Este cliente viene por ti. Siéntate.
Y yo me senté.
Otras dos Champions.
Otros 350 eurazos de Ribera del Duero evaporándose en conversaciones que ya no recuerdo del todo.
Pero recuerdo la sensación.
La sensación de estar viviendo algo que no era para mí.
Tercera vez.
Otras dos copas de Europa.
Ya tenía las mismas que el Liverpool.
Seis.
Este tío no andaba con tonterías cuando invitaba.
Nada de vinito correcto.
Nada de término medio.
Vega Sicilia.
Siempre.
Me dio su teléfono.
Lo perdí.
Dejó de venir.
Cambié de trabajo.
Y no lo volví a ver jamás.
Y cada vez que veo una botella de esas que “dicen que son buenas”.
De esas que sabes que son caras aunque no entiendas nada.
Sonrío.
Me acuerdo de aquel tipo.
Que venía solo.
Que pedía compañía.
Y que brindábamos como si el dinero no doliera.
Vega Sicilia.
700 eurazos.
Tres noches.
Seis Champions.
Con dos cojones.

Hay historias que parecen pequeñas mientras pasan y luego, con los años, se vuelven enormes.
No por el Vega Sicilia. Ni por los 700 euros. Ni siquiera por las seis Champions líquidas que te bebiste con una dignidad bastante discutible.
Lo que se queda es otra cosa.
Un tipo que venía solo. Que no quería espectáculo. Que no quería postureo. Que quería compañía.
Y eso es curioso: uno puede pagar una botella de 700 euros sin pestañear, pero lo que de verdad estaba comprando ese hombre no era el vino.
Era conversación.
Era tener a alguien enfrente que no estuviera mirando el reloj.
Era compartir un rato sin tener que explicar nada.
Y ahí estabas tú, recién aterrizado en Hong…