Todo lo que necesitamos del infierno. Capítulo 9: Cocaína, oro y la Paleta de la Fraternidad
- Miguelitor

- 20 jun
- 2 min de lectura

El nueve arranca fuerte.
Marvella metiéndose cocaína.
Le gustaba follar.
Comer manzanas.
Y la farlopa.
Cada uno con sus hobbies.
Duffy no soporta la coca.
Ni a los que la consumen.
Pero a ella no la quiere para conversar.
La quiere para follar.
Sin romanticismo.
Sin autoengaño.
Le cuenta lo del frontón.
La patada a Tump.
El juicio que viene.
La guerra que se acerca.
Ella, práctica, le dice que para una guerra hace falta cocaína.
Quince gramos.
Ahí es nada.
Setecientos dólares.
La amante sale cara.
Aunque Duffy sabe algo:
Las putas suelen ser los polvos más baratos.
Le propone irse de vacaciones juntos.
Ella dice que no puede.
Él le recuerda el trato.
Cuando te necesite, vienes.
Para eso te pago.
Frío.
Transacción pura.
Plan:
Vender las monedas de oro.
Conseguir dinero.
Ella compra la farlopa.
Y luego guerra.
Porque Duffy ya no quiere salvar nada.
Quiere buscar y destruir.
El oro
Va a una tienda de compra-venta.
El dueño: Solomon Keppleman.
Se conocían.
Le da 6.000 dólares por 22 monedas.
Negocio redondo para Solomon.
Duffy lo sabe.
Pero ya no está para negociar.
Está para financiar su cruzada.
Preparativos
Luego entra en una tienda militar.
Traje mimetizado.
Botas.
Cinturón.
Navaja suiza.
Esto ya no es un drama doméstico.
Es una operación.
La noche
En la furgoneta se le hace de noche.
Se pinta la cara con betún.
Y va a su casa.
El coche de Tish está ahí.
También el Corvette rojo de Jert.
Mira por la ventana.
Su hijo, el gordo, comiendo algo
demasiado cerca de la televisión.
No ve a Tish.
No ve a Jert.
Pero los intuye.
Entra.
Va a buscar una tabla:
la Paleta de la Fraternidad.
No sabemos exactamente qué es.
Pero suena a madera sólida.
Y a dolor.
La coge.
Se dirige al dormitorio.
Ahí están.
Tish y Jert.
Follando.
Él resopla como un búfalo.
Ella le pide que empuje.
Sin pudor.
Sin culpa.
Duffy escucha.
Y algo dentro termina de romperse.
Entra.
Sin discurso.
Sin aviso.
Y le suelta un paletazo en la espalda al gordo de Jert.
El tipo se revuelve en las sábanas
como un nadador en peligro.
Tish grita.
Duffy sale de la casa.
Ya está hecho.
Se imagina los periódicos al día siguiente:
Lugareño golpea al amante de su mujer con una tabla.
En su cabeza,
cualquier hombre lo aplaudiría.
Justicia primitiva.
Honor de barrio.
Pero la realidad es otra.
El capítulo termina con Duffy buscando consejo.
Y piensa en su madre.
Madre no hay más que una.
Cuando el guerrero se queda sin ejército,
vuelve al origen.
Y esto ya no es deporte.
Es tragedia rural a punto de estallar.
Vamos a por el diez.
Porque ahora sí que no hay vuelta atrás.

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