Todo lo que necesitamos del infierno. Capítulo 7: Monedas, pelotas y psiquiatras
- Miguelitor

- 18 jun
- 2 min de lectura

Después del banco, Duffy no se hunde.
Se enfría.
Se va a la oficina.
Allí guarda unas monedas de colección sudafricanas en la caja fuerte.
Su pequeño tesoro paralelo.
Algo que todavía es suyo.
Al entrar, la secretaria se ruboriza.
Eso ya huele mal.
Se saludan.
Duffy entra en su despacho.
Y aquí Crews vuelve a disparar.
El despacho es pobre.
Triste.
Mal amueblado.
Mesa.Tres sillas baratas.
Y en la pared, su título de abogado.
Nada más.
Si lo comparas con el despacho de Jert, es otro planeta.
Alfombra de pelo largo.
Fotos.
Diplomas.
Muebles decentes.
Uno parece un profesional exitoso.
El otro, un suplente.
Duffy abre la caja fuerte.
Coge las monedas.
Y aparece Jert.
Conversación corta.
Incómoda.
Jert le dice que sabe lo del banco.
Lo de Tish.
Duffy pregunta por qué coño se mete en su vida.
Y ahí llega la estocada.
Tish le pidió consejo.
Jert la va a representar en el divorcio.
Socio.
Traición triple.
Aquí Duffy deja de hablar.
Actúa.
Le agarra por las pelotas.
Literal.
Y al tenerlo así, lo maneja.
Como una marioneta.
Le obliga a subirse a la mesa.
A hacer la gallina.
Humillación total.
Dominación física.
El gimnasio trasladado al despacho.
Entra la secretaria.
Duffy suelta.
Con calma le dice que el comportamiento de Jert es extraño.
Que quizá necesita ayuda profesional.
La secretaria llama.
Y vienen.
Los loqueros.
Se llevan a Jert.
Y tú no sabes si reírte o empezar a preocuparte de verdad.
Porque aquí ya no es ego.
Aquí ya es locura práctica.
El control que perdió en casa lo intenta recuperar con violencia.
Pero esto ya no es disciplina.
Es desquicie.
Y yo también tengo ganas de leer el capítulo 8.
Porque esto ya no puede acabar bien.

Comentarios