No he hecho una panorámica en mi puta vida
- Miguelitor

- 2 mar
- 2 Min. de lectura



Hoy me han retado en la academia de fotografía en Hong Kong
Con dos cojones.
Estábamos hablando de cámaras.
De formatos.
De lo de siempre.
Y de repente sale la pregunta:
¿Quién ha trabajado en panorámica?
Silencio.
Nadie.
NI UNO.
Y yo ahí, tan digno,
con años de calle encima.
Y no había hecho una puta panorámica en mi vida.
¿Por qué?
Porque el 3x2 es cómodo.
Porque es lo que viene por defecto.
Porque no molesta.
Y porque, si soy honesto,
siempre pensé que la panorámica era una gilipollez.
Mira qué listo.
Gilipollas yo.
En la academia no estamos para hacer fotos bonitas.
Las fotos bonitas nos las pasamos por el forro del cerrojo.
No estamos entrenando estética.
Estamos entrenando narrativa.
Secuencias.
Conceptos.
Historias que no son obvias.
Historias que no están hechas para gustar.
Si queremos likes nos abrimos otro perfil y subimos neones con lluvia.
Aquí no.
Aquí estamos intentando hacer algo que incomode un poco.
Aunque no lo entienda ni Dios.
Con dos cojones.
Acaba la clase.
Cierro el portátil.
Cojo la cámara.
Me voy a la playa.
Voy a probar la panorámica.
Sin expectativas.
Sin épica.
Sin música inspiradora.
Y coño.
Me gusta.
Me gusta porque me saca de la zona cómoda.
Porque me obliga a pensar distinto.
Porque de repente el vacío pesa más.
Porque el espacio empieza a hablar.
Porque no puedo componer como siempre.
Y porque el formato no cabe en el puto Instagram.
Y eso ya me da placer.
Llevo años hablando de narrativa.
De conceptos japoneses.
De tensión.
De vacío.
De ritmo.
Y seguía disparando en el formato de siempre.
Muy coherente todo.
A veces el enemigo no es la técnica.
Es la comodidad.
Te crees que estás explorando.
Y en realidad estás repitiéndote con elegancia.
No sé qué voy a hacer con la panorámica.
No tengo un proyecto armado.
No tengo una serie cerrada.
Tengo algo mejor.
Incomodidad.
Y ganas.
Y eso es peligroso.
Porque cuando algo te incomoda, te mueve.
Y cuando te mueve,
ya no puedes hacer como que no lo has visto.
Así que sí.
Voy a hacerlo.
Voy a explorar el formato.
Voy a equivocarme.
Voy a romper cosas.
Voy a hacer fotos que no entren en la pantalla del móvil.
Voy a hacer fotos que no se puedan consumir en tres segundos.
Y si no gustan, mejor.
Porque no estamos aquí para gustar.
Estamos aquí para crecer.
Y crecer duele un poco.
Con dos cojones.

Me encanta que hayas tardado años en darte cuenta de que estabas cómodo.
Eso sí que es coherencia artística.
Predicando narrativa, vacío, tensión…y disparando en 3x2 como si la cámara viniera soldada de fábrica.
La panorámica no es un formato. Es una bofetada horizontal.
Te obliga a dejar de colocar “cositas” en el centro. Te obliga a asumir el vacío. Te obliga a respirar más largo.
Y eso jode.
Porque en el formato clásico puedes esconderte. En la panorámica no. O hay intención…o hay desierto.
Y me hace gracia lo de “no cabe en Instagram”. Eso ya es un motivo suficientemente noble para hacer cualquier cosa.
Pero lo interesante no es el formato. Es lo que has dicho sin decirlo:
Cada día un nuevo aprendizaje