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Mi yo pequeño, Ana, Carlos y la Werlissa 2000 Color de mi madre


Falta mi hermana Pilar, no es que se me haya olvidado, el no mencionarla ha sido porque aún no había llegado, por eso, mencionada estás abriendo este texto.


Recuerdo que en casa había una Werlissa 2000 color, era principios de los 80 en una calle llena de críos, de un pueblo más bien tranquilo en un país que ya había pasado lo peor.


Mis hermanos y yo éramos tan salaos como cabrones, divertidos, simpáticos con carácter para el enfado y de subir la voz para lo bueno y para lo peor.


Mi madre era la dueña de la Werlissa, que ojo, estaba prohibido tocar, nunca nos faltó de nada pero era caro el revelar y riesgo dejar a unos niños una cámara trastear. PROHIBIDO, lo sabíamos los tres, la cámara no se podía coger


Ahí empecé yo a disimular, a pasar desapercibido, a hacerme el sueco y pretender hacer otra cosa, yendo a la habitación de mi madre sudando adrenalina, retumbándome en el pecho los latidos del miedo.

Cogía la cámara y miraba por el visor, nunca disparé, lo prometo, pero miraba por el visor y veía a mi hermano Carlos y a mi hermana Ana hacer de las suyas, trastadas varias, alguna voz más alta que la otra, alguna risa de aquella maravillosa infancia.


No tengo aquellas fotos en papel porque nunca disparé pero conservo cada uno de los momentos en que mi ojo empezó a mirar por el visor de aquella Werlissa 2000 color.

POr eso ahora, mi cámara conmigo

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