Meron y Wala. Gallos, sangre y dinero


PRIMERA PARTE

Gallos en la calle



El pasado mes de diciembre tuve la suerte de poder impartir un taller de fotografía callejera en Manila, Filipinas. Dos meses antes estuve buscando información acerca de esta ciudad y vi que podía extender mi estancia ahí y crear otro tipo de taller, fueron dos más, taller de fotografía social y taller de fotografía documental. Ya había estado en Filipinas en numerosas ocasiones y sé que los filipinos son los latinos del sudeste asiático, personas supersociales que te dan la bienvenida y quieren hablar contigo sólo por verte diferente, sólo por saber qué les estás visitando y si ya les dices que eres español te empiezan a decir sus apellidos heredados de cuando fue colonia española, nunca me he sentido tan seguro y acompañado que en Filipinas.


Ya llevo tiempo impartiendo talleres de fotografía callejera y cada vez se me da mejor explicar lo que quiero que vean y fotografíen los participantes; Teoría, ejercicios prácticos, retos, google map, edición, selección, crítica, cervezas, horarios, comunicación... la gente acaba contenta y yo con más satisfacción que el que mete el gol, fotografiar es mi pasíon y enseñar quizá sea mi vocación.


Buscando información acerca de Manila me di cuenta de todo lo que ahí se podría fotografiar, gente que vive en la calle, en cementerios, en la basura, gente dejada por el sistema por su adicción a las drogas, Baseco Beach, China Town, Makati que es ¨el Manila¨ moderno, el financiero, Intramuros.... Muchísima información y sitios que visitar y ahí fue donde me puse manos a la obra y ofrecer no sólo el taller de fotografía callejera sino tambièn de fotografía social y documental, empecé a llamar y escribir a los centros correspondientes para conseguir permisos para visitar, fotografiar, entrevistar..., pagamos lo que tuvimos que pagar y conseguimos unos muy buenos reportajes de los que ya os hablaré en otro post dentro de este blog. Fue al terminar los 15 días del taller cuando con otro fotógrafo e invitados por un guía fuímos a ver/fotografiar las peleas de gallos.


IMPORTANTE: NO ME GUSTAN ESTOS ESPECTACULOS, ESPERO NO ME ENJUICIES

Tres días antes de asistir al Coliseum ya sabíamos que íbamos a ir y qué es lo que nos encontraríamos ahí y Alejandro (el fotógrafo español que vino al taller) y yo, ya empezamos a ver más gallos de lo habitual por las calles cosa que no es difícil en Filipinas ya que hay gallos atados a cualquier lado aunque como les digo tanto a mis estudiantes como a los participantes en mis talleres, Si sabes lo que estás buscando te va a ser mucho más fáciil encontrarlo. Criar un gallo de pelea es echarle arroz y maíz todos los días y si tienes suerte y gana el día de la pelea te puede cambiar económicamente el año, dicho por nuestro guía.



Hay niños con gallos, gallos con niños, gallos atados, personas atadas a sus gallos, en las vías del tren, en la orilla del mar, en la basura, gallos transportados en motos y gallos para comer, esto último, si no ha resultado ser el vencedor de la pelea




SEGUNDA PARTE

Entrenamiento



Definición de entrenamiento.

El entrenamiento es una actividad que surge para abarcar al efecto de entrenar. Se trata de un procedimiento pensado para obtener conocimientos, habilidades y capacidades. Gracias al mismo, mejoran sus condiciones físicas para que cuando lleguen las peleas que tengan que disputar puedan estar preparados para afrontarlos sin ningún tipo de problemas.

...Y los gallos no podrían ser menos, aunque hablando con gente que cría gallos de peleas lo que hace este entrenamiento es dar esa pizca de agresividad y valor que el gallo necesita para la pelea.


Como te he comentado antes, los filipinos son muy sociales, la gran mayoría habla un inglés bastante bueno y están muy orgullosos de enseñarte su gallo y cómo éste pelea, raro es el pasar por la Avenida Recto, por las chavolas colindantes a la vía del tren o en la ribera del río Pasaig y que no te llamen la atención a grito de ¡Americano! (su forma de saludar a todo aquel que pareciese no ser del lugar) para mostrarte su pequeño tesoro, su pequeño chance para cambiar su economía anual, o quien sabe, conseguir fama como buen entrenador de gallos y poder viajar a otros países donde se les pueden pagar un muy buen dinero para la cría y entreno de estos animales, ya que, era desconocimiento por mi parte el valor que puede tener en el mercado un gallo de peleas, con su raza, entrenamiento y espolón largo y afilado.


He visto a niños enfrentar sus gallos con otros de otros niños, un juego para ellos. Muy parecido a lo que recuerdo de mi infancia, de mis 8, 9 y 10 años época aquella de jugar a los toros, capea, encierros... los juegos infantiles muchas veces no son más que lo que mamamos de nuestra ¨cultura¨, vemos en la televisión, vecindario o forma de vivir. Me acuerdo que a muchos de mis amigos no les gustaban toros, en Manila, vi a una niña llorar por su gallo (foto más abajo) mientras otros reían, aplaudían y esperaban más testoterona por parte de aquellos dos bravucones con plumas





TERCERA PARTE

El Coliseum



Coliseum San Juan era y es su nombre, memoricé cómo llegar desde el hotel ya que los datos de la tarjeta que compré para tener internet volaron como hubiera deseado que alguno de esos animales que se jugaban el pescuezo hubiesen volado de ahí...


-¨To¨ recto y a la hora y media de haber andado torcer a la derecha e ir preguntando. Muy a la antigua, podría haber cogido un taxi y estar en 5 minutos, pero yo he nacido para observar lo que hay en las calles, para vocinglear, como así se dice en pueblo y mientras fotografiar. Llegar al Coliseum desde el hotel hizo que me felicitase a mí mismo, no fue fácil. Algunas calles, barrios y vecinos que (me) crucé más de alguno no las/los hubiéseis cruzado, nos hemos acomodado con tanto centro comercial y ambientador.


Siendo sincero nada más pasar me entró muchísimo miedo, pasé directamente a ver una pelea y justamente lo hice cuando todo el mundo buscaba a alguien para apostar, voces, muchas voces, muchos decibelios que yo entendí que eran por mi presencia, un americano con una cámara en la mano y qué a ellos, eso no les gustaba, pasé mucho miedo. Las voces cesaron y empezó la primera. Te lo cuento en la cuarta parte.


En esta tercera parte te quiero contar lo que vi y fotografié antes de las peleas, algunos propietarios con caras de tristeza de poder perder el último gallo que les quedaba, otros más contentos de ver que su gallo se había clasificado para la siguiente ronda, gallos salir de la sala GAFFER que es dónde les ponen una navaja en el espolón, y carteles de premios cuando menos exquisitos, esos de los que te hablé antes que mejorarían la economía personal de alguno de los agraciados dueños de aquellos pobres animales.



Esos premios son para el ganador que no es el gallo que gana, sino su propietario, el gallo pierde la semana siguiente sí o sí donde le han dado sólo 7 días para recuperarse de las heridas que más abajo en la parte séptima de este post verás.




CUARTA PARTE

LAS APUESTAS


Falta aún para se llenase el Coliseum, serían las 10 de la mañana y hay peleas hasta las 7 de la tarde, pero ver a esta gente chillando y alguno mirándome me hizo entrar en un acojone que hacía brotar adrenalina de mi cuero cabelludo, dos minutos más tarde todo se silenció como si en la Semana Santa el Silencio de la Redención, empieza la pelea a navajas entre dos gallos, uno en la esquina Merón y otro en la opuesta llamada Wala que son las palabras que los apostantes chillan mientras con las manos hacen entender un número que no es más que lo que quieren apostar, cuando sorpresivamente (para mí) encuentran a otro con el mismo número en la mano pero chillando diferente esquina llegan a un pacto entre caballeros, algo así como Apuesto 5 euros a este, si gana el mío me das 5 euros, si pierde, tuyos son los míos. Es verdad que muchas veces los gallos mueren a la vez y eso, en un símil futbolístico (perdónenme el ejemplo) es un empate de toda la vida.


Como muchas veces pasa en muchísimos sitios, el que pierde, no acepta su derrota y no se quiere desprender del dinero apostado y perdido y en las peleas de gallos debe pasar 7 días a la semana y para evitar que dos caballeros se enzarcen a espolones afilados existe la persona de corredor de apuestas, alguien que no sólo interfiere en algunas apuestas de un importe muy elevado, sino que también intenta mantener la paz y ser justo para que la sangre no llegue al río. Pregunté yo a alguien de mi lado cómo era posible que este intermediador supiese quien es el ganador de una apuesta a lo cual me contestó, muy sencillo, aquí nos conocemos todos y el 95% apuesta siempre a la misma esquina, un 50% de probabilidades, un apostar por apostar.


-Cuándo suelen apostar a otra esquina?

-Cuando (en esa esquina) pelea su gallo o el de un familiar.


Ya sabía yo que los filipinos eran muy familiares







QUINTA PARTE

LA PELEA



Justo antes de empezar una de las peleas vi a un gallo salir por patas del ring, pegó cuatro aleteos y llegó hasta el primer anfiteatro mientras los ahí presentes se reían y uno de Ciempozuelos no entendía nada, tan común era aquello como el despertarse y ver que la fuerza de la gravedad aún existe, raro era el no verlo, imposible que un día te despiertes y no haya fuerza de la gravedad, míralo y verás.

El tipo que estaba a mi lado frito a preguntas pero encantado de explicármelas me dijo que ése era gallo sabio, que tenía experiencia en peleas y que no quería más peleas, creo que cualquiera con dos dedos de frente querría lo mismo, pero en fin.

  • ¿qué porcentaje de ganar o perder tiene un gallo sabio? - Le pregunté

  • 50% me respondió

Supongo que habrían hecho ya sus ejercicios de probabilidad, aunque este gallo perdió, esquina Merón

Empieza la pelea, silencio absoluto, algún sonido de sorpresa cuando algunos de los contendientes daba un zarpazo certero, gritos de ánimo al gallo de ti esquina cuando no se podía mover, alegría y júbilo cuando el tuyo quedaba en pie, llamadas de acreedores a pagadores, han pasado dos minutos, corrido la sangre y ha sido entretenido, otra más.




Uno, otro, y otro, han pasado 10 minutos y he visto cinco muertes, quizá seis, creo que ya estoy acostumbrado a lo que viene durante las próximas horas, aunque me voy a dedicar a fotografiar, el fotógrafo que llevo dentro me pide que inmortalice el momento, el evento y dejo la butaca para ver que tal bienvenido soy dando vueltas por todo el Coliseum fotografiando gentes, apuestas, muerte, sangre, gallos, gente chillando. Parece ser que me aceptan.




Sí, la penúltima foto es sangre, en blanco y negro pero sangre, la última foto ya ves lo que es.



SEXTA PARTE

EL PERDEDOR


No sólo pierde el apostante que no ha ganado la apuesta, hay algunos gallos que aunque no ganan dinero pierden su vida y creo que aunque haya poca empatía y pena hacia ellos alguna mención merecen aunque sea en este post y se les tache de perdedores. Ójala todo esto cambie muy pronto.


Dos minutos es lo que suele durar la pelea, si tienes la suerte de meterle un navajazo a tu contrincante has ganado, en cambio, si el que tiene la suerte es el opuesto has perdido el combate, la vida y no te van a recordar nunca, para qué, si un gallo se cría en tres meses y hay más de ellos que cervezas, te ha tocado vivir atado a una verja a la que ya no te atarán más, no hay más maíz para ti, eso sí, ese día tu dueño te hace al chilindrón para apaciguar los llantos de la niña que un día lloró por ti.


Dando vueltas por todo el ring llegué hasta el Operating Room (quirófano en español) que es donde ¨curan¨ al ganador (Séptima parte) y despluman, despojan, limpian al perdedor.

Encontré el quirófano por pura intuición, sigue el rastro de sangre a ver donde te lleva, me dije.



Me llevo a esto que ves en las siguientes imágenes. Eso sí, los filipinos muy alegres y simpáticos conmigo, cosa que agradezco ya que me dejaron hacer todas las fotos que quise



SEPTIMA PARTE

EL GANADOR



En este juego, deporte, evento sólo ganas si sales vivo, no es como en otros juegos, deportes o eventos que puedes empatar perder 5-0 y das la mano al final felicitando al ganador, bueno, sí que hay otros juegos, deportes o eventos muy españoles que no te dan ni la más mínima oportunidad de salir vivo, ahí pierdes sí o sí, tengas o no tengas cuernos.


El ganador en una pelea de gallo no pierde su vida (hoy), ya es ganar diríamos muchos aunque quizá les tendríamos que preguntar a ellos cómo se sienten. Les llevan al Operating Room para una operación a base de coser las heridas de navajas punzantes y cortantes que miden 12 centímetros y que están curvadas para una mayor eficacia (muerte), 12 centímetros no es mucho cuando sabemos que lo nuestro siempre mide 20, pero en proporciones humanas esos 12 cms de filo y desgracia hacen que la catana japonesa se utilice para la unta de fuagrás en el sandwich, bastante son 2 minutos, todos mis respetos. Toda mi pena.




Tres bolis negros, una cinta de color blanca, un cortauñas, píldoras de nolotil para gallos, Pollotil, cuatro gasas y papel cortado para poder escribir con los tres bolis negros, ése el botiquín. No lo estoy criticando, te lo estoy contando. Yo no sabría qué cojones poner en un botiquín para tales deportes y tampoco he sido de medicinas, una vez me salió un uñero y me restregué una guindilla que guardaba para cierta ocasión, ese día vi las estrellas, el día del combate, el gallo, no para de ver las estrellas, el perdedor descansa, el ganador se volverá a vestir de corto en 7 días.


OCTAVA PARTE

EL VERDADERO GANADOR


1. Si tu gallo tiene la suerte de haber matado a todos sus contrincantes en toda la eliminatoria

260000 pesos = 4500 Euros


2. Si tu gallo ha matado más rápido que otros gallos a sus contrincantes

Una moto econo 500 más una televisión 32 pulgadas para ver peleas desde el salón que no tiene tu casa


Hay premios muy suculentos, todoterrenos, 15.000 euros, gallos entrenados, motos, dinero para amueblar tu casa...Muy suculentos premios para unos ciudadanos pobres y que sólo desean que sus gallos clave la navaja al opuesto antes de que se la claven a él. Mejor que trabajar para otro, no tienes jefes y no haces malo a nadie


No me sentí bien en ningún momento y fui dos días a fotografiar, quería tener mi reportaje y ahora te lo estoy mostrando, la opinión que tenga al respecto creo que la habrás podido averiguar, pero quiero recordar que aunque yo ya no soy taurino para nada, también jugué a los toros, capea y encierros en mi infancia, era lo que había.


Por último te quiero enseñar la ùltima foto de este reportaje, sólo quedábamos dos en el Coliseum, este señor y el que le hizo la foto




En breve todo el reportaje

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