He estado aquí, cabrón!
- Miguelitor

- 7 mar
- 2 min de lectura

Gran parte de los grafitis son una puta mierda.
Firmas. Rayajos. Meadas para marcar territorio.
Pero a veces, ves uno.
Y dices: HOSTIA.
No es el dibujo.
No es el color.
Es otra cosa.
Es el riesgo.
Las pelotas.
El tiempo robado.
Un grafiti no se pinta en un estudio con música de mierda.
Se pinta con el corazón en la puta boca.
Mirando por encima del hombro.
Sabiendo que si te pillan, te joden.
Y esa tensión está en la línea.
En Madrid todos hemos visto a Muelle. A Mosca. A Pibe.
En puentes. En vagones. En paredes imposibles.
Ahí arriba. Donde no deberías estar.
Eso no es una firma.
Es un puto grito.
HE ESTADO AQUÍ.
Y ME LA SUDA QUE NO TE GUSTE.
Luego están los otros. Los del rotulador gordo.
Basura plana. Dibujos de mono con prisa.
Pero hasta en esa mierda hay algo.
Un riesgo asumido.
Ahora estoy en Hong Kong.
Y los muelles y los pibes ahora son caracteres chinos.
No sé qué cojones pone.
Y me la pela.
Porque no es lo que pone.
Es el puto gesto.
Es imaginar al cabrón que está ahí, de madrugada, con miedo.
Trazando esa mierda.
Y no son cuatro letras rápidas.
Son trazos que son putos planos de arquitecto.
Hechos a pulso. A toda hostia.
Ahí está la verdad.
Me la suda la caligrafía.
Me la suda la sombra.
Me la suda el puto relieve.
Es EL ACTO.
La decisión de ocupar un espacio que no es tuyo.
De dejar una cicatriz en la puta pared para decir que sigues vivo.
Eso es más punk que cualquier cresta.
No es estética.
Es presencia.
ES RIESGO.
Eso no es arte.
Es una puta declaración de guerra.

Tienes razón en algo: la mayoría de los grafitis no valen gran cosa si los miras como “obra”. Pero si los miras como gesto, cambia todo.
Porque ahí arriba, en una pared imposible o en un puente donde no deberías estar, la estética pasa a segundo plano. Lo que queda es el acto. El tipo que decidió subir, arriesgarse y dejar una marca sabiendo que al día siguiente puede desaparecer.
Por eso algunos grafitis tienen más fuerza que muchos murales perfectamente planificados. No porque estén mejor hechos, sino porque llevan pegada la tensión del momento en que se hicieron.
El trazo no es solo pintura. Es pulso. Es prisa. Es miedo.
Y eso se nota.
También me gusta lo que…