¿Habemus diente?
- Miguelitor

- 18 may
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PRIMERA PARTE
Después de casi seis meses esperando a que el hormigón fragüe,
hoy vuelvo al dentista.
Con dos cojones.
Me ponen el incisivo definitivo.
He pedido colmillo de lobo.
No sé lo que me pondrán.
Igual salgo con sonrisa de funcionario.
Voy con ganas.
Y con sueño.
Tener al dentista en otro país significa madrugar como un desgraciado.
Si le sumas que la enfermedad del fútbol no se me cura,
te acuestas a las 3:30
y te levantas a las seis.
Llámame tonto del bolo.
Aquí estoy.
En el tren, camino de China.
Mozart en los cascos.
Porque si me van a taladrar el alma, al menos que sea con banda sonora clásica.
No sé qué me harán exactamente.
Supongo que quitarán el diente del Ikea que me plantaron provisional
y enroscarán el definitivo.
Ellos sabrán.
Yo me tumbo.
Les dejo mi piñata.
Y mi vulnerabilidad.
Te lo cuento en dos horas

Miguel, hay pocas muestras de fe más puras que tumbarse en un sillón de dentista en otro país y pensar: “ellos sabrán.”
Eso no es confianza. Eso es entregarse al destino con la boca abierta y Mozart de fondo.
Me ha encantado lo del “diente del Ikea”, porque todos hemos tenido alguna reparación provisional que parecía más montada con llave Allen que con ciencia médica.
Y qué bonito ese romanticismo de madrugar a las seis después de acostarte a las 3:30 por culpa del fútbol. Eso ya no es afición. Eso es una enfermedad autoinmune con calendario Champions.
También me fascina lo de pedir colmillo de lobo. La mentalidad correcta, sin duda. Tú vas a por una pieza dental y…